Apuntes de la vida cotidiana no. 140712

I

Ese momento incómodo en el que todos parecen tener la vida resuelta, en el que las situaciones se acomodan en planes y proyectos, se concretan en bodas, hijos, una carrera estable, un asado en el horno y cenas con vino y cubiertos de plata entre semana, y ves todo y a todos y piensas: ‘algo está mal’, y en tu cabeza una imagen persiste, una cascada, una mujer que nunca has visto, la posibilidad de otro aire, una ciudad, nueva, diferente, una ciudad imaginada, pero no por eso menos real, que alimente de nuevas formas tus pasos, y que te lleve lejos de esto que parece ya tan acabado, donde todas las decisiones han sido tomadas por alguien a quien ni siquiera conoces.

Pero no lo haces. La vraie vie est ailleurs es la versión poética de que el pasto es más verde en la casa del vecino de enfrente. Miras por la ventana y los mismos coches y la misma gente desfilan frente a ti. Todo es igual. Todo es diferente.

II

Cuando uno ama la vida, no lee. Ni tampoco va mucho al cine. Digan lo que digan, el acceso al universo artístico queda más o menos reservado a los que están un poco hartos de todo.

H.P. Lovecraft

Ojalá llueva. Ojalá llueva para que justifique que salir a vivir no es una posibilidad ya en esta ciudad. Ojalá escriba, y termine de una vez y para siempre esta estúpida novela. Había pensado que para terminar la novela tendría que regresar a París, recorrer con las manos el relato, pasar los dedos entre el musgo y rasgar esas heridas con las uñas. Pero he decidido no hacerlo. La novela no es de París, sino de un París real a fuerza de imaginarlo. Regresaré a París a fuerza de hacer lo mismo.

III

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