Amaneceres del Husar – Eduardo Casar

Amaneceres del Husar es un libro ingenioso, un juego, un divertimento a costa del lenguaje. Éste es su mayor logro, pero también, su mayor problema. La novela -si es que se le puede llamar así- usa y abusa de los lugares comunes para proponer un nuevo espacio del lenguaje, y por tanto, de la realidad. Desafortunadamente, esto hace a la historia intratable.

El trolebús se hizo a la parada. El Husar, al abordaje, afanoso como un elefante equivocado. Pagó. Otra vez. Una vez más. De nuevo. Ahora sintió que algo se traía entre manos: era el boleto. (…) Una viejita le clavó muy hondo su mirada azul. El Husar tuvo que aprovechar la quietud de un alto para extirpársela del ojo donde se le había clavado, muy lente de contacto.

Rara vez dejo a medias un libro, pero en esta ocasión, no fue posible seguir adelante. El sinsentido y el absurdo son válidos cuando se golpea con ellos al lector. Aquí, el uso más bien parece  fórmula del programa de Chespirito.

El absurdo de las palabras de todos y de nadie, las cuales han perdido el sentido y ya desvanecidas reclaman la atención de otras voces, quizá menos vulgares de lo que aparentan

Hay que elogiar, sin duda, el juego propuesto por el autor: enunciar, a través de alguna fisura, otro significado distinto al habitual. El problema es que la intención se le va de las manos, y el libro termina terrible e intratable. Una pena para la primer novela de Eduardo Casar. Esperemos mejores resultados después de esto.

Para otra opinión (positiva), lean acá.

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