5 años de el-anaquel.com

I

Recordemos 2009. Este blog nació con otro nombre, “Hasta el día que me vaya”, porque siempre pensé que tendría que irme a algún lado y que el blog terminaría en una especie de carpetazo cuando encontrara ese día y ese destino, que bien podrían resumirse como la chingada, y resultó que la chingada estaba en San Francisco y por una u otra razón el blog no terminó y continuó acumulando reseñas entre las cuales a veces se deslizan los días. Como diría Piglia, “uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas”.

II

En 2009 el blog tuvo tres entradas, reflexiones de regadera que pueden leerse aquí y que giran en torno a una sensación de extrañeza en torno a la fotografía:

En un autorretrato, ¿cuál es la separación entre objeto y sujeto? ¿entre espíritu y materia? Escribo un relato acerca de un sujeto al que le cuesta trabajo mirarse en el espejo. Podría ser cualquiera.

Que yo recuerde, nunca terminé de escribir ese texto. Lo que ya había ahí era un germen, la sensación de un simulacro:

“Me pongo a posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me metamorfoseo anticipadamente en imagen” (Barthes). A partir del momento en que nos sentimos mirados por el objetivo, todo cambia. Paremos de imitarnos a nosotros mismos.

Gracioso que hace poco escribiera sobre el mismo tema.

Nuestras obsesiones nunca nos abandonan.

III

Recordemos 2009. Este que escribe era otro hombre. Había yo dejado Londres y con él un proyecto de novela y a una mujer. Encontré a otra chica a la que también amé y todo eso no fue sino el germen de otra novela que sí terminé de escribir. Esos dos puntos como un juego de espejos me hacían sentir como un personaje de Auster obsesionado por buscar las simetrías, esas intersecciones donde fuera posible encontrar un sentido oculto capaz de descifrarlo todo. He estado pensando en esto últimamente. La conclusión es simple.

IV

Cinco años han pasado, dos países, dos mujeres maravillosas, un montón de libros. ¿Qué me queda de todo eso?

Ocio – Gabriel Ferrater

Ella duerme. Es la hora en que los hombres
ya despertaron, y una escasa luz
entra todavía a herirlos.
Con muy poco nos basta. Solamente
el sentimiento de dos cosas:
la tierra gira y las mujeres duermen.
Reconciliados, nos apresuramos
hacia el fin del mundo. No nos es preciso
hacer nada para ayudarle.

V

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Quiero creer que este blog, al igual que el que lo escribe, es otro, que hay personas que lo leen y que lo que leen les dice algo, acaso de un libro, acaso de ellos mismos. Le debo a Gina haberle cambiado el nombre a este espacio por El Anaquel. Modular, dijo. Y lo es, pero también sigue siendo esa fantasía de desaparecer, esa intención de dejar de ser. Hasta el día que me vaya. Cuando eso ocurra quedarán solamente estas reseñas, o lo que es lo mismo, un poco de esta vida.

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