Black Hole – Charles Burns

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cover-blackholeUna bala en una de las cámaras de un revolver. Una persona con VIH en una orgía en la que nadie lleva condones. Mutaciones entre adolescentes. La cadena de situaciones es la misma: Black Hole, novela gráfica de Charles Burns (de quien reseñamos antes Skin Deep y Bib Baby), es una exploración sobre el mundo adolescente y sus retos. En este escenario, la ruleta rusa en la que los personajes apuestan los hace encontrarse de frente con el choque traumático de la primeras cosas: la soledad, el amor, la pertenencia.

La historia comienza con una epifanía: Keith, en clase biología, abre una rana por el vientre y atisba la espiral de situaciones en las que él y Chris Rhodes, su compañera de actividad, se sumergirán. Hay, entre los adolescentes, una enfermedad sexual que la gente le llama “el bicho” y genera diversas mutaciones, al grado que un grupo de enfermos ha decidido recluirse y vivir en un campamento en medio de la montaña.

En una fiesta Chris se enamora de Rob Facincanni. Ella no lo sabe, pero Rob será el que la contagie esa noche. Keith, por su parte, se enamora de Chris y busca acercarse a ella, pero el triángulo en el que él es un vértice prescindible lo deprime y lo acerca a las drogas, específicamente, a una casa donde conoce a Eliza, otra chica infectada.

El resto se reproduce entre la emociones que estos contactos genera: amor, miedo, frustración, rechazo. Los efectos físicos de la enfermedad son un espejo de los cambios en la psique, la lucha psicológica por asumirse en el mundo. El horror, acechante, entra por un resquicio: Rob es asesinado y Chris pelea contra la locura que la soledad le genera. Los finales felices son demasiado fáciles pero la moraleja es obvia: el vacío existencial que amenaza por absorber toda fuente de sentido puede ser superado, incluso, ante las separaciones más terribles. Así, la trama no difiere mucho de otras literaturas formativas y tal vez sea esto lo que hace a la historia tan atractiva: una situación reconocible en un mundo por demás bizarro pero, ¿qué no es el mundo un lugar extraño para el adolescente?

Como colofón, resulta interesante el análisis que Vanessa Raney hace de la obra, acercándola a Sartre:

Keith Pearson, Chris Rhodes and Eliza (aka “The Lizard Queen” (no. 8)), the focal characters in the series, almost echo those of Jean-Paul Sartre’s existentialist play, Huis Clos (No Exit). In Black Hole, the triangle of love/lust angles Keith toward Chris, Chris with Rob Facincani, and Eliza for Keith. Into the mix flies Dave Barnes, whose obsession with Chris and his inability to cope with the “new disease that only affected teenagers” (no. 1) leads to deathly consequences. Only one of the pairs comes together on point at the end.

Sin embargo, el propio Burns ha negado esta influencia. La significación de la obra, una vez publicada, no le pertenece más al artista –hermenéutica de la interpretación– sino a los lectores que acercan a Black Hole con la epidemia del VIH en los años 80, el bullying y el existencialismo.

Para otro review menos favorable, revisen este comentario en The Guardian. Asimismo, no se pierdan el trabajo de Max Oppenheim y Bill Turpin en torno a los personajes del libro. Para leer el comic en versión digital, revisen este link.

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