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Lo interesante de este fotomural es que fue hecho como parte del tricentenario de la Guerra de Sucesión de 1714. La convocatoria solicitó a la gente de Barcelona  fotografías que reflejaran "un momento de libertad" aunque, curiosamente, muchas acabaron relacionadas al amor —el mural, compuesto de 4,000 fotogramas, está acompañado de una frase de Oliver Wendell Holmes: "El ruido de un beso no es tan ensordecedor como el de un cañón, pero su eco es más duradero". Seis chicos comparten un piso en Barcelona. A través de sus vidas, Mónica Ojeda propone un triángulo: cuerpo, lenguaje y virtualidad. La novela se lee en múltiples niveles a partir de las intersecciones que plantea: entre el cuerpo y el lenguaje está la pornografía; entre el cuerpo y la virtualidad, la muerte; entre la virtualidad y el lenguaje, la demoscene. En medio de estos vértices vive un videojuego y tres hermanos, artífices del juego. La mejor descripción de éste la da un chico obsesionado con mutilar su pene: "la nada ocurría todo el tiempo, repetida en loop". El vacío es el centro de gravedad en el que orbita toda la novela: las palabras no alcanzan; la maldad no existe y, en realidad, no es posible entender nada ("¿Hay palabras para esta oscuridad? ¿Hay palabras para todo el silencio que vendrá?"). Leer Nefando es, entonces, explorar estos abismos —"las palabras (...) son lo único que tenemos y por eso intentamos decirlo todo". Excelente novela. Leo en la prensa española una columna entusiasta sobre Macron ("la forma en que habla de Europa marca una diferencia. Macron pide comprensión para los padres fundadores que levantaron Europa sin el pueblo porque pertenecían a una vanguardia ilustrada; pero él quiere convertir ahora el proyecto de las élites en un proyecto de ciudadanos"). También en México se le veía con entusiasmo, al grado que se buscaba al "Macron mexicano". Nadie de la gente que conozco en Francia está satisfecho con sus iniciativas. La gran ilusión de la política es que se renueva —así, la juventud es, tan solo, una máscara más. La foto es de una instalación de Camille Henrot, Days are dogs. Todas las fotos anteriores son parte de un viaje que hice a Lyon recientemente, como parte del festival Belles Latines que se organiza cada año para celebrar la literatura latinoamericana en Francia. Con Margot subimos a la Basílica de Fourvière a admirar la vista —hacía frío y yo tenía una hora para intentar ver la ciudad. Nos quedamos ahí unos minutos, luego bajamos de nuevo a la fría Lyon. Margot me acompañó a la estación de tren, donde yo tomaría uno a Lille para la última actividad del festival. Al irme sentí que apenas y tenía una idea de la ciudad —me enteraría mucho después que Lyon había mantenido una abierta oposición a París durante siglos, lo que llevó, durante la Revolución Francesa, a una revuelta. La rebelión fue sofocada por las fuerzas armadas después de un largo sitio. Las fuerzas revolucionarias, al ganar, instalaron una placa que decía: "Lyons made war on Liberty; Lyons no longer exists". Este libro es único en tanto es la síntesis de dos contrarios: la brutalidad de los bajos fondos y, por el otro lado, la poesía pura. Uno es anecdótico, el otro es lenguaje y lirismo. Guiado únicamente por su intuición, Genet busca en su pasado toda la belleza que esconde las ocasiones más sórdidas. Ha escogido al crimen como única ruta para llegar a la belleza. En medio de él —o mejor: tan solo en él— será capaz de conocerla y adorarla (hay que imaginar a Genet como Santa Teresa durante el éxtasis: "si no siempre son bellos, los hombres consagrados al mal poseen virtudes viriles. Voluntariamente, o víctimas de una elección accidental, se hunden, con lucidez y sin quejas, en un elemento reprobador, ignominioso, semejante a aquel en que, si es profundo, precipita el amor a los seres"). En todo caso, tal vez lo más interesante de Genet resida en su actitud moral. Su diario es un intento por explicarla y, a partir de este ejercicio, crear una suerte de ars poética. Vida e interpretación: "este diario que escribo no es sólo una distracción literaria. Según voy avanzando, ordenando lo que me ofrece mi vida pasada, a medida que me empeño en el rigor de la composición —de los capítulos, de las frases, del propio libro— siento cómo me afirmo en la voluntad de utilizar, con fines virtuosos, mis miserias de antaño". Lo de Genet está más cerca de las obras de Radiguet o Constant, que de la literatura criminal de Black o Bunker. La confesión del amante que, a veces, en contra de su propia voluntad, se precipita —qué palabra más adecuada para reflejar la caída— hacia un destino gozoso y, al mismo tiempo, catastrófico. Capaces de crearse una vida propia, hay que imaginar a los expulsados del paraíso, felices. ¿Qué es la arquitectura sin la gente? Ruinas, únicamente.

Ventajas de viajar en tren – Antonio Orejudo

Libro divertidísimo y complejo. Un hombre y una mujer comienzan una charla –”¿le apetece que le cuente mi vida?”–, conversación que en sus primeras páginas revela la clave del texto:

Esto se ve muy bien al analizar las narrativas de los pacientes esquizofrénicos, luego, si quiere, le leo alguna. Los pacientes con esquizofrenia hebefrénica, por ejemplo, presentan una tendencia no diré irreprimible, pero sí muy marcada a narrar la propia vida. Estos enfermos tienen una particularidad, y es que lo hacen cada vez de modo diferente, de manera que su personalidad no consiste en otra cosa que una sucesión de relatos superpuestos como las capas de una cebolla.

La novela, entonces, se presenta como un juego de cajas chinas: una historia dentro de otra donde la narración cuestiona nuestra credulidad como lectores. De esta manera, Antonio Orejudo nos sumerge en un relato en el que se mezcla la realidad y la imaginación de manera delirante y en el que, al igual que Helga Pato, “confundimos a los narradores con los autores y a éstos con los personajes”.

What we see when we read – Peter Mendelsund

Peter Mendelsund es director de arte de Alfred a. Knopf, reconocida editorial fundada en 1945 y cuyos diseños de portada han sido galardonados en varias ocasiones. En el libro “Qué vemos cuando leemos”, Mendelsund elabora una reflexión sobre la lectura: la literatura sucede no solo en el texto, sino también en el lector.

The story of reading is a remembered story. When we read, we are immersed. And the more we are immersed, the less we are able, in the moment, to brind our analytic minds to bear upon the experience in which we are absorbed. Thus, when we discuss the feeling of reading we are really talking about the memomory of having read. And this memory of reading is a false memory.

Tendemos a asociar la lectura con la experiencia del cine, como si al leer se proyectara una película en nuestra cabeza, pero esta imagen es engañosa. Mendelsund apunta a que la sensación de la lectura, en realidad, asemeja a la de un pasaje. Del otro lado son más importantes las acciones que las descripciones. Lo visual, en el texto, es solo un punto de referencia vago bajo el cual el lector llena de significados los espacios en blanco.

Como diría Calvino, “es importante que el lector, no el escritor, sea quien introduzca (la tesis del texto), pues la interpretación -tendenciosa o no- sólo es competencia del primero, y la pluralidad de interpretaciones -en último caso tan numerosas como los propios lectores- revela el valor y la riqueza de la invención poética, novelesca o teatral del público.” La lectura, entonces, forma parte de la experiencia como una falsa memoria y enriquece nuestro entendimiento como un verdadero viaje: no a partir de visitar mil lugares, sino de ver el mismo lugar a través de los ojos de mil personas distintas.

Manhattan Transfer – John Dos Passos

Manhattan Transfer, de John Dos Passos, narra la vida en Nueva York a inicios del siglo XX como un montaje cinematográfico –escenas no lineales, saltos temporales. La dinámica de la ciudad se presenta como un terrible juego de supervivencia.

Bud dobla el periódico cuidadosamente, lo deja en la silla y sale. Fuera el aire huele a muchedumbre, está lleno de ruidos y sol. No soy más que una aguja en un montón de heno… (…) Bud está sentado en el parapeto del puente. El sol se levanta por detrás de Brooklyn. Las ventanas de Manhattan se incendian. Bud se echa bruscamente hacia delante, resbala, se queda colgado de una mano con el sol en los ojos. El grito se ahoga en su garganta al caer.

Con la muerte de Bud, Dos Passos establece la lógica de su retrato: la tensión constante entre el deseo y la miseria. En este escenario, una mujer, Ellen, toma la forma de Afrodita y se convierte en metáfora de la ciudad. Frente a ella, hombres y mujeres terminan aplastados por los mismos deseos en los que depositaron todas sus esperanzas. En un momento de lucidez, Stan, uno de sus amantes, se queja:

Por qué coño tendrá todo el mundo tantas ganas de llegar. Me gustaría encontrar alguien que quisiera fracasar. Eso es lo sublime.

En su descenso, los pocos que sobreviven confiesan: «¡si supiera usted cuán vacía ha sido mi vida durante años y años!». La miseria no es sólo económica, sino también espiritual.

A noventa años de su publicación, Manhattan Transfer sigue vigente, llena todavía de imágenes poderosas y personajes memorables. En medio de sus calles mojadas y las exhalaciones de sus automóviles, Dos Passos nos acerca a la vida misma, es decir, a esa larga colección de fracasos que llamamos días.

Discutibles fantasmas – Hugo Hiriart

Veo en Hiriart conjuntados los dos grandes placeres del ensayo: el divertimento y la erudición. Es impresionante la manera que tiene Hiriart para hilvanar los temas: del vuelo de una mosca brinca a un poema de Leduc y regresa al momento a una anécdota griega. Al hablar de Búffalo Bill Cody, remata:

En este mundo cualquier cosa te lleva a cualquier otra porque es un circuito gigantesco y todo está sutilmente conectado. Así que, como dicen, no te afanes tanto, “sólo conecta” y quédate tranquilo.

Esta pareciera ser la tesis de Hiriart sobre el arte de escribir un ensayo. Impresionante, como siempre.

Simple perversión oral – Margo Glantz

Relato de una espera en el dentista. Valeria Luiselli, en el prólogo, comenta: “quizás el mayor logro de este libro es poder sostener una multiplicidad coherente de espacios y tiempos”. O, lo que es lo mismo, ser un libro de todo y de nada. La edición, ilustrada por Carmen Segovia y publicada por La caja de cerillos y Conaculta, es una reflexión sobre diversos temas: los dientes de Pascal –podridos–, los perros –”los animales viven casi siempre con la boca abierta, como si acabaran de hacer un ejercicio muy penoso”–, Robert Walser y el tango. En síntesis, una digresión tras otra.

Al final, el relato no concluye: la espera es eterna, como la del purgatorio, y lo único que la protagonista posee es la lectura, que también es eterna. En esto hay una bonita metáfora.

La reina del Burdel / Síntoma – Macky Chuca

(Texto publicado el 16 de febrero)

3 comments on “Libros de enero

  1. alancena18 dice:

    Guardo esta entrada en favoritos para leerla más detenidamente en reiteradas ocasiones y tomar de ella mis futuras lecturas. Sin dudas un placer pasar por aquí. Muchas gracias. Saludos.

  2. Raol Coco dice:

    Una contribución mi estimado: La destrucción de todas las cosas, de Hugo Hiriart. Un relato genial de una “nueva” conquista de México. Reí tanto al leerla. Abrazo.

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