Last Updated on: 21st diciembre 2017, 05:58 pm
¿Sabes cuántos años tengo Cristina? -dijo-. Treinta. Y, ¿sabes qué he hecho durantes estos treinta años con mi vida? Nada. Nada de nada.
El libro: La primera vez que leí este libro fue hace ya unos 8-9 años. En aquel momento me pareció parte de una educacion sentimental necesaria e inexistente en mis años de preparatoria en Tampico. La historia gira en torno a 3 hermanas disímiles, con la insatisfacción como eje conductor de su vida. Etxebarria usa como punto de anclaje el abandono del padre cuando eran muy jóvenes, y situaciones sexuales anómalas o demasiado mediocres. Desafortunadamente, el contexto de cada personaje se acomoda a modo para satisfacer la lógica de cada una de las hermanas: la ninfómana abusada sexualmente, la reprimida debido al rechazo de su superioridad intelectual, y la aburrida ama de casa situada en una situación de responsabilidad que no le correspondía. Con ese triángulo la autora teje el entramado de una historia que no avanza, pero que devela el Rubicón por el que cada una de ellas tuvo que cruzar para encontrarse en ese estado.
Algo que no recordaba era la manera burda de distinguir a los personajes. Para Cristina, el lenguaje coloquial funciona bien y se ve poco forzado, pero con sus hermanas, Etxebarria abusa de recursos como intercalar muletillas o simples reglas de Carreño, técnica que da cierta familiaridad a cada una pero que también es salida fácil para evitar hallar un distintivo en el lenguaje para cada personaje. Al final, cual novela rosa, sobreviene el catalizador que da esperanza a lo sufrido. Todo mundo aprende una lección, y a lo lejos se sabe que pronto amanecerá. Fin.
Sin innovaciones formales, el mayor mérito del libro no está en su lenguaje literario ni en la construcción de la novela, sino en la disección de la complejidad de la mujer, escondida en pedazos de amor, curiosidad, prozac y dudas.
Segunda confesión: Empecé hablando de mí porque con este libro, ese intento por no tener antecedentes de mis parejas fue suplido en mi imaginario por Cristina, Ana o Rosa. Pienso que todas las mujeres con las que he estado podrían ser una permutación literaria de algún cuadrante del triángulo Etxebarria. Por mi lado, yo también estoy embebido dentro de esas páginas: regalé este libro hace ya algún tiempo, buscando que al leerlo nos leyeramos. Hoy, cuando ha pasado ya el tiempo, me doy cuenta que somos como una línea no visible pero palpable en toda la novela. ¿Dónde se acaba la realidad y empieza la literatura? En la letra G, de gastado y gris.

Ni se den el trabajo de leer un libro sin ninguna enseñanza, lo estoy leyendo por obligación de la Universidad, pero no hay nada rescatable mucho menos con un lenguaje tan vulgar, y no tengo nada cucufatería, pero creo que no es necesario llegar a tanta vulgaridad para hacer saber su punto de vista del feminismo, Bye!!! pulgar abajo…
A veces conviene vaciarnos un poco para no estar tan llenos de uno mismo…