franny_by_chocosweete

Una lectura de Franny, de J. D. Salinger

Explicar:
(Del lat. explicāre).

  1. tr. Declarar, manifestar, dar a conocer lo que alguien piensa. U. t. c. prnl.
  2. prnl. Llegar a comprender la razón de algo, darse cuenta de ello.

Además de las recomendaciones que nos da la RAE, la palabra ‘explicar’ podría, también, extenderse a otros ámbitos: la relación entre las causas y consecuencias, las intuiciones, los pasos de un proceso. ‘Explicar’ tiene, además, cierto carácter universal: se ‘explica’ la ley de la gravedad y se entiende que ésta obre igual, aunque con distintas magnitudes, en todo el universo; se ‘explica’ cómo nacen los niños y se entiende que tal ‘proceso’ es el mismo en México que en China. Existe en la explicación, entonces, una serie de atributos o características que pueden llevarse de un lugar a otro con relativo éxito. En el arte, sin embargo, es imposible asumir que exista tal universalidad. Borges, en su conferencia sobre La Divina Comedia, se detiene a explicar unos versos de Dante. Después de recitarlos, aclara: “quisiera demorarme sobre el curioso mecanismo de ese verso, salvo que la palabra ‘mecanismo’ es demasiado dura para lo que quiero decir.” La explicación, en tanto que intenta zambullirse en ese mecanismo, resulta insuficiente: podemos entender, hasta cierto punto, la imagen del “zafiro oriental” que deleita a Borges, pero no podemos trasladarla o replicarla. Así, en toda explicación siempre hay un fallo.

Publicado en 1955 por primera vez en The New Yorker, fue recibido con notas positivas una vez que fuera compilado junto a Zooey en 1961. En el cuento existe una crítica al materialismo y los protocolos de la aristocracia norteamericana –los dos protagonistas son Ivy League y el relato tiene por contexto un partido de Yale contra, se piensa, Princeton. Esta lectura, sin embargo, resulta superficial: el cuento posee una significación escondida que cubre de intensidad y tensión todo el relato. Como en otros textos de Salinger, la crisis personal de sus personajes parece llevarlos al límite de la locura –¿no son The Catcher in the Rye o A perfect day for bananafish otras pruebas de esto?

Margaret, hija de Salinger, ha dicho que Franny es un cuento que tomó por inspiración a su madre, Claire Douglas –hija de un respetado crítico de arte británico–, y que luego fue modificado para incorporarse dentro de la mitología de la familia Glass a la que Salinger dedicó toda su obra. John Updike, sin embargo, menciona que la Franny de Franny y la Franny de Zooey no son la misma persona, aunque repiten, sin duda, sus obsesiones.

En todo caso, Franny bien puede leerse como un universo cerrado. Propongo, así, una lectura del cuento sin tomar en cuenta los diálogos posteriores que suceden en Zooey. A alguien servirán un día estas anotaciones sobre el texto original. He evitado, conscientemente, ofrecer una versión en español del texto, bajo la premisa que cualquier traducción modifica, de una manera u otra, las intenciones del texto original.

Como nota final, se ha criticado, bajo el argumento de que es poco convincente, el interés de Salinger de conciliar cierta crítica materialista con el misticismo cristiano. El intercambio, se ha dicho, es casi trivial. Esto, sin embargo, no es un argumento contundente: sabemos que los dos personajes son triviales, no son sino un par de jóvenes universitarios privilegiados. Lo relevante, entonces, es el conflicto y la posibilidad de escape. Otros han elegido otros caminos: la autopista, las drogas, las ciudades imaginadas, los libros; todas mentiras dentro de una mentira más grande que llamamos vida.

FRANNY
(dar click)

 Para leer algunas de las críticas que se hicieron en su momento a esta obra, den click aquí.

Sostiene Pereira – Antonio Tabucchi

De las cosas maravillosas – Adolfo Bioy Casares

Cacería – María Teresa Andruetto

"Que todo te acontezca, lo bello y lo terrible" — Nietzche Trece cuentos de la escritora argentina ganadora del premio 'Hans Christian Andersen' en 2012. Aunque dicho premio falla cada dos años a lo mejor de la literatura infantil, Mondadori lo utiliza como carta de presentación de la escritora cordobesa —breve introducción para decir que Andruetto tiene camino andado. Los cuentos del volumen publicado en 2012 compilan historias varias, en las que acaso cruza con mayor frecuencia el desamor y la traición. No por esto, sin embargo, es un libro en el que solo transiten estos temas: hay otros registros —la empatía, la resignación, la felicidad, la culpa— que al final nos hablan de la vida y de una exploración intencional sobre lo femenino. La autora los define como 'una parte de su biografía' y está presente, sin duda, un pulso vital en los textos. Es difícil, a momentos, navegar en ellos —algunos cuentos zozobran por falta de claridad o debido a un conflicto turbio— pero los que triunfan nos ofrecen lecturas poderosas que acaso hablen, también, de todos nosotros. "La verdad, no sé cómo explicarlo, y aunque me digan, porque hay algunos que lo dicen, que si uno no tiene hijos no es tan difícil separarse, yo sé bien que es difícil, y sé que nosotras no podíamos, la gente a veces no lo sabe, pero el odio une más que el amor"

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*A partir de este post inauguro algunos comentarios cortos de libros desde Instagram. Tengan la bondad de seguirme también ahí.

 

amsterdam

Apuntes de la vida cotidiana no. 010415

1.

Regresas a Ámsterdam. En la víspera recuerdas una charla que tuviste con un amigo durante tu primer viaje hace cinco años. Hablaban de hongos alucinógenos y él te contó una historia muy extraña: un amigo suyo, años antes que tú y él se encontraran platicando en esta ciudad, comió unos hongos asiáticos que tenían un dragón en la envoltura. Pagó y, junto a un grupo de amigos, fueron un parque cercano “para estar en contacto con la naturaleza”.

El tipo en cuestión se comió su dosis y poco a poco comenzó a sentirse atrapado dentro de una naranja. A ti la idea te dio risa, pero tu amigo prosiguió con una seriedad que asumiste como falsa o excesiva. “Entonces”, continuó, “comenzó a gritar, a correr tratando de escapar”. Los que estaban con él –tu amigo no detalla si él se encontraba ahí o no– lo persiguieron, pero no demasiado rápido: también habían comido la misma droga y estaban casi noqueados. El hombre atrapado en una naranja se angustió a tal grado que continuó corriendo y salió del parque a una avenida. Un auto lo encontró de frente y lo atropelló.

Pensaste en el sentido moral que se escondía detrás de la historia y te dio pereza. Como tu amigo se quedó callado, te sentiste obligado a preguntar lo obvio: ¿y qué le pasó? Se encogió de hombros: “se fracturó un brazo y una costilla solamente”.

2.

Recuerdas que te contó esa historia porque ese día compraste unos hongos similares, aunque no logras acordarte si tenían un dragón o no en la envoltura. No supiste si te lo dijo como nota cultural o como un intento para disuadirte. Como hubiera sido, te los comiste. Sabían a tierra o a corcho. Recuerdas la sensación de movimientos, texturas y sonidos que se superpusieron a lo que te rodeaba, pero nada más. De ese Ámsterdam no queda sino el recuerdo de tus pupilas dilatadas y la imagen de una pared que no dejaste de mirar durante una hora.

3.

El segundo viaje termina y conservas unas cuantas memorias apresadas en fotografías. De regreso a casa cuentas tus experiencias y narras algunos detalles de la casa de Ana Frank, el Museo de Van Gogh y el Mercado de las Flores, cosas que no viste en tu primera visita y que nada tienen que ver con hongos ni accidentes ni naranjas.

4.

Años después eres viejo y no has vuelto a ver estas fotos. Por un azar –una naranja, un portobello– ambos viajes regresan y se tejen en tu memoria, atrapándote dentro de un espacio indefinido: el ayer o dos ayeres como gatos acariciándose entre sí. Te preguntas si esta sensación tiene o no relación con la historia que vagamente recuerdas y si, en todo caso, no es sino el desenlace de esa anécdota absurda que, años después, encuentra finalmente una conclusión.

mr burns post electric play

Mr. Burns, a post-electric play: memoria y sobrevivencia

El American Conservatory Theater presentó recientemente en San Francisco “Mr.Burns, a post-electric play”, obra en tres actos que mezcla la ciencia ficción, Los Simpsons y la figura del musical. La distopía explora a un grupo de hombres y mujeres que recuerdan un episodio de Los Simpsons:

Primer acto

Salvo por la presencia de un hombre que vigila el campamento con un arma, la escena parece cercana: el grupo ríe y habla sobre un capítulo de Los Simpsons alrededor del fuego. Intercambian voces, cada uno aportando distintos detalles del episodio. Un ruido provoca una reacción inesperada: todo el mundo se levanta asustado y saca un arma. Entre líneas se va tejiendo una realidad terrible: el mundo ha sufrido un holocausto nuclear y la vida, como existía, ha desaparecido. Un extraño llega, entonces, al campamento. Sobrepasado el sobresalto inicial –le apuntan con diversas armas y lo revisan–, cada uno de los miembros procede a repasar una lista de personas a las que el recién llegado tiene que responder si las conoce o no. Luego él hace lo mismo.

La lista son familiares y amigos de los que no se sabe nada. Se intuye que muchos han muerto y el temor a ser otra víctima de la violencia tiene a todo mundo al borde de la locura, la depresión o ambas. Como un acto de sobrevivencia, el grupo regresa al episodio de Los Simpsons, al momento en que a Homero Simpson se le dice que ahora se llama Señor Thompson.

Segundo acto

El grupo sigue junto y tiene nuevos miembros. Han montado una compañía de teatro itinerante: se encargan de montar obras y comerciales que juntan retazos de la cultura pop de este siglo –canciones de Britney Spears, Los Simpsons, comerciales famosos, etc.– para dar la ilusión de que el mundo no se ha ido al carajo. El pasado resulta inaprensible, pues no queda ningún registro, por lo que la compañía se dedica a “comprar” recuerdos en cada pueblo que visitan. Hay, sin embargo, problemas: tienen competencia y parecen estar al borde de la quiebra. Todo esto parece resquebrajar la dinámica del grupo: hay peleas, discusiones y reclamos, diálogos que son, al final, una muestra de lo frágil del nuevo orden social. Hasta cierto punto efectista y previsible, el segundo acto termina con una tragedia que cambiará, de nuevo, a los personajes.

Tercer acto

El tercer acto es un musical y concentra las ideas y conceptos que hemos visto antes. El grupo ha logrado sobrevivir y el arte ha triunfado.

En entrevista, Anne Washburn, escritora y directora de la obra, explica que Mr. Burns es resultado de una obsesión: “tomar una narrativa de la cultura pop y trastocarla al situarla en un contexto post apocalíptico”.

She chose, for the apocalypse, the Only Jeans That Truly Fit. She stood on the bluff, on the highest of many mesas, one black boot raised on a boulder, leaning into her knee, squinting far beneath her sunglasses. The city looked like a cluster of crystals rising from the desert.

100 apocalypses de Lucy Corin.

En el fondo, es una metáfora de la memoria como acto de supervivencia: el universo en el que viven los personajes es tan terrible que lo único que brinda un rescoldo al horror es la extinta cultura de masas. Sea Britney Spears o una Coca-Cola, los protagonistas depositan sus esperanzas en la memoria de lo banal, tergiversando los recuerdos para crear un nuevo mito que les ayude a sobrevivir en medio del horror.

paris df

Reseñas de “París D.F.” – Roberto Wong

Parece que París D.F. está llegando a algunos lectores. He actualizado algunas reseñas que se han publicado online y en otros medios. Al leerlas me doy cuenta de dos cosas: 1) han sido lectores generosos 2) no soy tan elocuente como quisiera.

En todo caso, hay regadas aquí un montón de pistas que serán de interés para el lector atento. A todos aquellos que se tomaron la molestia de leer la novela: gracias.

Como pilón, aquí me tienen posando como “escritor”:

efeFoto: cortesía EFE