Notas sobre Heriberto Yépez

Escuché de un grupo de escritores que Heriberto Yépez no era un buen escritor, pero sí un buen polemista. Tal vez esa sea la opinión generalizada de la “mafiecita literaria” a la que acusa constantemente. Lo leo y, sin duda, uno no puede quedar indiferente. Su texto, por citar un ejemplo, de La enseñanza que nos dejó Juan Rulfo está lleno de inquina y ambigüedad. ¿Quiénes son esos “escritores dizque vivos” (sic, o será, dizque escritores) que critican a Rulfo, y a los que a su vez critica Yépez? ¿Por qué no ponerles nombre y apellido? Sé, por ejemplo, que Christopher Domínguez Michael -a quien debemos, paradójicamente, que Yépez se describa con una “pasión erudita (…) volviéndolo único”- escribió Rulfo, el fin del escándalo, donde comenta:

Rulfo, como se sabe, no volvió a publicar. En este caso, el resto no es literatura, sino crítica. No me preocupa que una obra feble como la suya haya creado una enorme industria académica. El destino del mito es su infinita interpretación. (…) Quizá la obra de Rulfo sea, en cinco milenios, un genoma útil para armar el acertijo de los mitos y los sueños del Extremo Occidente.

En su artículo, lo único que dice Yépez es que Rulfo es valioso por su lenguaje literario hecho de voces pueblerinas, por su alejamiento cosmopolita, por narrar la injusticia. ¿Qué más? Estos argumentos ignoran lo que antes construyó la novela de la Revolución, o lo que Agustín Yáñez logró en novelas como Ojerosa y Pintada o Al filo del agua. Como siempre, los argumentos de Yépez son pobres. Preocupado más por la polémica que por la calidad de sus pensamientos, incluso se atreve a decir que “Rulfo sabía que había hecho una obra maestra”, otorgando -quiero creer que inadvertidamente- una arrogancia al maestro que precisamente no tenía.

José Mariano Leyva escribe, para otro propósito -en el homenaje que se hace a José Joaquín Blanco-, lo siguiente:

Mucha crítica. Mucha invectiva. Mucho “no estoy de acuerdo”. Pero basta un análisis un poco más profundo para entender que el ego lo es todo. Criticar a un autor para éste le responda y crear alguna polémica. No ventilar nuevas fisuras sociales, históricas, artísticas: usar a una polémica alejada de sus nexos sociales, sus indagaciones históricas, sus capacidades artísticas, para catapultar al reconocimiento a los polemistas. Buscar aparecer en el mapa literario, en vez de desaparecer con elegancia.

Las recientes diatribas entre Yépez y Tryno Maldonado, Pablo Raphael e incluso Alvaro Enrique, parecen empatar bien con lo antes escrito. Le hace mal a Yépez empecinarse en estos ejercicios. Como lector, los leo como una búsqueda constante de un reflector para una obra que no se defiende a sí misma.

Twitter

Vi esto en Twitter el día de ayer con minutos de diferencia entre un tweet y el otro. No tiene relación alguna, pero me parece una coincidencia graciosa:

yepez

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