Yonqui – William S. Burroughs

Una historia de adicción es una historia que ha sido contada ya mil y un veces. Y, pese a esto, Yonqui posee un carácter único, pese a haber más de 130 años entre ésta y las «Confesiones de un fumador de opio” de de Quincey. Acaso es la crudeza y el tono casi didáctico de Burroughs al explicar sus hábitos como adicto o, tal vez, la belleza de la prosa.

La anécdota, en realidad, es simple: un hombre se pincha heroína por primera vez y se queda prendado.

La morfina pega primero en la parte de atrás de las piernas, luego en la nuca, y después notas una gran oleada de relajación que te despega los músculos de los huesos y parece que flotes sin sentir el contorno de tu cuerpo, como si estuvieras tendido sobre agua salada caliente.

De ahí, lo que sigue es un deambular por ciudades y situaciones, cada una más sórdida que la anterior. El descenso a los bajos fondos seduce a la mayoría de los lectores, acaso porque nos recuerda la respetabilidad o la (¿falsa?) seguridad de nuestras sábanas. Hay, sin embargo, algo más en la literatura de Burroughs, una honestidad brutal que nos aleja de los arquetipos usuales de este tipo de historias (la redención o la caída) y nos acerca a cierta revelación o, al menos, una dosis de verdad (William Blake diría que el camino del exceso lleva a la sabiduría).

Finalmente, habría que mezclar la biografía de Burroughs con la historia del libro: como el protagonista, Burroughs escapa a México. Ahí, juega a Guillermo Tell con su esposa y pone una manzana en su cabeza. Toma una pistola y dispara. El tiro, por supuesto, no acierta, y Burroughs termina asesinándola. A partir de ese momento vemos una inflexión en su literatura: el tono realista de este primer libro queda detrás, dirigiéndose vertiginosamente hacia el delirio y la experimentación formal.

Dicho esto, Yonqui es (o debiera ser) un libro de cabecera (lo fue, al menos, para Kurt Cobain) que nos demuestra que, a pesar de que Burroughs sobrevivió a las drogas, su encuentro no lo dejó indemne. Para conocer más, escuchen nuestro podcast.

 

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Una historia de adicción es una historia que ha sido contada ya mil y un veces. Y, pese a esto, Yonqui posee un carácter único, pese a haber más de 130 años entre ésta y las “Confesiones de un fumador de opio” de de Quincey. Acaso es la crudeza y el tono casi didáctico de Burroughs al explicar sus hábitos como adicto o, tal vez, la belleza de la prosa. En todo caso, Yonqui es (o debería ser) un libro de cabecera: . «La morfina pega primero en la parte de atrás de las piernas, luego en la nuca, y después notas una gran oleada de relajación que te despega los músculos de los huesos y parece que flotes sin sentir el contorno de tu cuerpo, como si estuvieras tendido sobre agua salada caliente» . La anécdota, en realidad, es simple: un hombre se pincha heroína por primera vez y se queda prendado. De ahí, lo que sigue es un deambular por ciudades y situaciones, cada una más sórdida que la anterior. El descenso a los bajos fondos seduce a la mayoría de los lectores, acaso porque nos recuerda la respetabilidad o la (¿falsa?) seguridad de nuestras sábanas. Hay, sin embargo, algo más en la literatura de Burroughs, una honestidad brutal que nos aleja de los arquetipos usuales de este tipo de historias (la redención o la caída) y nos acerca a cierta revelación o, al menos, una dosis de verdad (William Blake diría que el camino del exceso lleva a la sabiduría). . Finalmente, habría que mezclar la biografía de Burroughs con la historia del libro: como el protagonista, Burroughs escapa a México. Ahí, juega a Guillermo Tell con su esposa —pone una manzana en su cabeza y toma una pistola. El tiro, por supuesto, no acierta, y Burroughs termina asesinándola. A partir de ese momento vemos una inflexión en su literatura: el tono realista de este primer libro queda detrás, dirigiéndose vertiginosamente hacia el delirio y la experimentación formal. A pesar de haber sobrevivido a las drogas, queda claro que su encuentro no nos deje indemnes. Para conocer más, escuchen nuestro podcast. . . . #megustaleer #librosgram #booklover #literatura #instabook #lectura #leer #books #libro #book #bookstagram #libros #libros📚

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