La edad de los terremotos – Douglas Coupland

The book is an extension of the eye
Marshall McLuhan

El mundo se mueve a distintas velocidades. Una parte, por ejemplo, se enfoca en la resistencia, la lucha por sobrevivir. Otra, como el caso de este libro, señala hacia los lugares oscuros a los que nos dirigimos sin darnos cuenta. Douglas Coupland, junto a Shumon Basar y Hans Obrist, explora uno de ellos: la transformación del presente a partir de la vida digital. Así, The Age of Earthquakes no es un ensayo sino, acaso, una serie de preguntas acerca de la identidad, el presente y el mundo bajo la óptica acelerada de Internet. Algunos ejemplos:

  1. 10% de la energía mundial es utilizada por Internet y por la economía digital
  2. La percepción del tiempo se ha modificado (e.g., el ocio ya no es “hacer nada”, sino pasar dos horas viendo stories de otros)
  3. Internet ha cambiado la forma en que funciona nuestro cerebro (nuestra atención, por ejemplo, dura un instante)
  4. La desconexión es impensable (o: soledad = desconexión)
  5. El conocimiento ya no significa “almacenaje”
  6. La memoria existe ahora fuera de nosotros
  7. La idea de la individualidad ha colapsado: somos ahora pequeños grupos que opinan y sienten de forma idéntica
  8. La manera de hacer política (el voto) ha sido desplazada (fake news, redes sociales, etc)
  9. Los efectos no intencionales de la tecnología rigen nuestro futuro (abrimos una nueva caja de Pandora cada década)
  10. El mundo es terriblemente aburrido y absurdamente emocionante a partes iguales

Resulta interesante leer The age of Earthquakes como una reescritura de un libro de publicado en 1967 titulado The Medium is the Massage (al que no hay que confundir con «el medio es el mensaje», del mismo autor) en el que Marshall McLuhan y Quentin Fiore realizan un inventario de efectos y observaciones en torno a la aldea global y el rol de los medios de comunicación en nuestra percepción de la realidad.

mcluhan

Cincuenta años después el tiempo muerto, el ocio, la memoria, el aburrimiento, el coqueteo y la protesta, por citar algunos ejemplos, se han transformado a partir del Internet. Diversos estudios sugieren, además, que la actividad en el lóbulo frontal del cerebro (encargado de la memoria inmediata y la toma de decisiones) ha incrementado en detrimento de nuestra capacidad para almacenar información a largo plazo –en otras palabras, hemos tercerizado de forma efectiva nuestra memoria: dependemos ahora de la tecnología para recordar cumpleaños, números de teléfono y eventos del pasado). En este sentido, The age of Earthquakes nos empuja a preguntarnos cómo surgió este maravilloso y aterrador futuro que ahora vivimos

I think the history of the world is the history of time. The future for me, growing up, was always something that was ahead. In the distance – then it started to get closer. Then it was there, and now suddenly, right now actually is the future. What we’re inhabiting is no longer in the distance anymore but in this state of very, very profoundly accelerating flux. And it’s not going to stop, you can’t take a break from it, even something as simple as not using your device for a weekend, nothing’s going to work. Technology is not going to take a holiday. It’s going to happen more and more faster and you’ll be stuck inside the thing. So how do you cope with that?

Douglas Coupland

Finalmente, The Age of Earthquakes no es solo un catálogo de preocupaciones, sino también una investigación estética sobre las imágenes de nuestras últimas dos décadas y la transformación de la escritura hacia la cita.