Lobo – Bibiana Camacho

Lobo comienza con una escena poderosa: una mujer lleva a un gato entre los brazos mientras escapa en medio de la noche. La sensación es de angustia: algo la amenaza, pero no sabemos qué o quién.

El segundo capítulo arranca mucho tiempo antes que la primera escena: Berenice, joven académica, se dirige a la población de El Lobo para trabajar con Felicia, una reputada profesional cuyos excesos en los últimos años la han convertido en una especie de mito andante. Al llegar a la localidad se da cuenta de su error: está incomunicada y, además, el supuesto proyecto de investigación en el que va a participar es un fraude —desde hace mucho que Felicia ha perdido la dirección y ahora pasa el tiempo bebiendo y discutiendo con su esposo.

La novela transcurre entre la vida anodina del campo y los restos de un naufragio: Berenice se da cuenta que poco a poco su relación, su carrera y su familia comienzan a desmoronarse. Hay, detrás de esto, una figura ominosa que se va levantando poco a poco: la de los lobos, animales que dan nombre al pueblo y que parecen existir detrás de algunas sombras.

—Date cuenta de que una vez que pasas ese umbral ya no estarás seguro nunca. —Es que nunca estamos seguros, pero ni modo de vivir con la zozobra.
—Yo creo que lo mataron.

La novela tiene el defecto, sin embargo, de no mantener esta tensión: el grueso de la novela entre las estampas de la vida en la ciudad (con sus relaciones, prisas y temores) y el campo (con sus esperas e indefiniciones). Estos dos polos parecen sugerir el verdadero tema de la novela: el espacio negativo que se ha formado entre uno y otro ha engendrado un monstruo que termina por devorarlo todo; metáfora, si se quiere, de nuestros años recientes en México.

La violencia jamás irrumpe pero es una amenaza constante, como una gran nube negra que está sobre los personajes todo el tiempo y siempre te va cargando más de agua, por decirlo así. Se va ennegreciendo cada vez más. Los personajes saben que existe esa nube negra, que ese manto los cubre todo el tiempo y no saben en qué momento se va a expresar. Sí está la violencia pero no está como una presencia palpable, sino como un fantasma que los acompañe y que en cualquier momento puede surgir como un monstruo.

Bibiana Camacho, en entrevista para Sin Embargo.

Escucha, además, el podcast sobre nueva literatura escrita por mujeres, publicado hace poco.

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“Lobo” comienza con una escena poderosa: una mujer lleva a un gato entre los brazos mientras escapa en medio de la noche. La sensación es de angustia: algo la amenaza, pero no sabemos qué o quién. El segundo capítulo arranca mucho tiempo antes de la primera escena: Berenice, joven académica, se dirige a la población de El Lobo para trabajar con Felicia, una reputada profesional cuyos excesos en los últimos años la han convertido en una especie de mito andante. Al llegar a la localidad se da cuenta de su error: está incomunicada y, además, el supuesto proyecto de investigación en el que va a participar es un fraude —desde hace mucho que Felicia ha perdido la dirección y ahora pasa el tiempo bebiendo y discutiendo con su esposo. La novela transcurre entre la vida anodina del campo y los restos de un naufragio: Berenice se da cuenta que poco a poco su relación, su carrera y su familia se comienzan a desmoronar. Hay, detrás de esto, una figura ominosa que se va levantando poco a poco: la de los lobos, animales que dan nombre al pueblo y que parecen existir detrás de algunas sombras. La novela tiene el defecto, sin embargo, de no mantener esta tensión: el grueso de la novela es un cajón de sastre para estampas sobre la vida en la ciudad (con sus relaciones, prisas y temores) y el campo (con sus esperas e indefiniciones) que a veces no llegan a ninguna parte. Estos dos polos parecen sugerir el verdadero tema de la novela: el espacio negativo que se ha formado entre uno y otro ha engendrado un monstruo —en otras palabras, el olvido del campo creó a nuestros asesinos. La novela se precipita en las últimas 50 páginas hacia desapariciones, colgados y muertos, acaso para alcanzar una especie de clímax o bien para justificar esa primera escena que, siendo honestos, es la que nos ha mantenido leyendo: . “—Date cuenta de que una vez que pasas ese umbral ya no estarás seguro nunca. —Es que nunca estamos seguros, pero ni modo de vivir con la zozobra. —Yo creo que lo mataron”. . Así, la desaparición avanza como una sombra que termina por devorarlo todo, una metáfora, si se quiere, de nuestros recientes años en México. . #libros📚 #libros #librosgram #booklover #literatura #book

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