Stoner – John Williams

Escrita en 1965, Stoner es una de las grandes novelas norteamericanas sobre la Gran Depresión. La novela narra la historia de un chico del campo convertido en profesor universitario, cuyo principal fracaso acaso sea dejar de lado la pasión para sumergirse, por el contrario, en la tibia calma de los días —podría decirse de esta novela lo que Gabriel Ferrater escribió en alguna ocasión sobre la poesía: el libro, este libro, es el retrato de ciertos momentos en la vida moral de un hombre.

La novela tiene varias trazas autobiográficas: como su protagonista, John Williams nació en una familia humilde —su padre era conserje en la oficina postal de su pueblo— sin demasiada inclinación a la lectura (su abuelo solía decirle que «la lectura cansaba el cerebro»); creció durante la Gran Depresión, viendo las carencias y la obsesión de las personas en torno al dinero; y fue, también, profesor universitario, en su caso en la Universidad de Denver.

La escritura de una autobiografía es, en cierto sentido, la búsqueda de cierta identidad.No sorprende, entonces, que Stoner abarcar la totalidad de la vida, en el caso del libro, desde la niñez en el campo hasta el lecho de muerte —»la cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve grieta de luz entre dos eternidades de oscuridad”, escribe Vladimir Nabokov en su autobiografía. Stoner podría considerarse entonces como una de esas fracturas: la vida, siempre en borrador, se nos presenta como un cúmulo de expectativas, temores y arrepentimientos:

Había llegado a esa edad en que se planteaba, con creciente intensidad, una pregunta de tan abrumadora simplicidad que no sabía cómo encararla. Se preguntaba si valía la pena vivir su vida, si alguna vez había valido la pena. Sospechaba que todos los hombres se hacían esa pregunta en algún momento, y se preguntaba si a todos los ocurría con esa misma fuerza impersonal con que se había instalado en él. La pregunta conllevaba una tristeza, pero era una tristeza general que (pensaba) tenía poco que ver con él mismo o con su destino individual; ni siquiera sabía si la pregunta surgía de las causas más obvias e inmediatas, de lo que había ocurrido con su vida. Venía, según pensaba, del paso de los años, de la acumulación de accidentes y circunstancias, y de lo que él había llegado a comprender sobre cada uno de ellos. Lo satisfacía, de una manera sombría e irónica, la posibilidad de que lo poco que había logrado aprender lo hubiera conducido a este conocimiento: que con el tiempo todas las cosas, incluso el aprendizaje que le permitía saber esto, eran fútiles y vacuas y que al fin se reducían a una nada que ellas no llegaban a alterar.

Es refrescante, así, ser capaces de leer un libro en el que este entendimiento es posible: podemos saber, por ejemplo, el momento exacto en el que la vida de Stoner se convirtió en rutina y, también, el momento en el que la felicidad se le fue de las manos. Más allá de esta sensación de candor y empatía, sin embargo, lo banal de las resignaciones y decepciones del personaje convierten al libro en una lectura prescindible (¿es que acaso no tenemos suficiente mediocridad en nuestras vidas?)

Esta es una opinión poco popular, sin duda, aunque coincide con otras. Habría que meditar, en todo caso, por qué este tipo de novelas fueron tan populares en su tiempo. William Boyd, en un artículo para The Guardian, sugiere que este tipo de lecturas permiten acercarnos a la condición humana a través de una perspectiva más amplia sobre la vida de una persona.

Creo que uno de los mayores atractivos de la novela de toda la vida es que podemos ver en el viaje de un alter ego ficticio de la cuna a la tumba, un paradigma o modelo de nuestro propio viaje en toda su naturaleza aleatoria y fascinante.

Tal vez, aunque el recurso no deja de parecer, en cierto sentido, anacrónico. Otra lectura sugiere, simplemente, que Stoner es el reflejo del cánon anglosajón: la vida interior de un hombre blanco sumergido en la monotonía de los suburbios y la vida académica. En otras palabras, discernible y relevante para aquellos que deciden la mal llamada posteridad, principalmente, «aquellos que creen que la vida en las universidades es especial».

En mi caso, si pudiera, como Williams, regresar y examinar toda mi vida, entenderla acaso a partir de mis lecturas, es muy probable que Stoner quede como una nota al pie en el mejor de los casos.

 Para otra reseña más extensa, consulten este link.

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Stoner es una novela norteamericana escrita en 1965 sobre un profesor universitario durante la Gran Depresión —el tema principal es la pasión y el fracaso del personaje para sumergirse en ella. Podría decirse de la novela lo que Gabriel Ferrater escribió en alguna ocasión sobre la poesía: el libro es un retrato de ciertos momentos en la vida moral de un hombre. Es parte, además, de ese grupo de novelas en las que somos testigos de la totalidad de la vida, en este caso, desde la niñez en el campo, hasta el lecho de muerte. "La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve grieta de luz entre dos eternidades de oscuridad”, escribe Vladimir Nabokov en su autobiografía. En la misma línea, Stoner podría considerarse como una de esas fracturas —la vida, siempre en borrador, se nos presenta como un cúmulo de expectativas, temores y arrepentimientos (en otras palabras, no podemos entenderla sino hasta que adquirimos cierta perspectiva). Es refrescante, entonces, ser capaces de leer un libro en el que este entendimiento es posible —podemos saber, por ejemplo, el momento exacto en el que la vida de Stoner se convirtió en rutina y, también, el momento en el que la felicidad se le fue de las manos. Más allá de esta sensación de candor y empatía, lo banal de las resignaciones y decepciones del personaje convierten al libro en una lectura prescindible. Habría que meditar, en todo caso, por qué este tipo de novelas fueron tan populares en su tiempo. William Boyd, en un artículo para The Guardian, sugiere que este tipo de lecturas permiten acercarnos a la condición humana a través de una perspectiva más amplia sobre la vida de una persona. "Creo que uno de los mayores atractivos de la novela de toda la vida es que podemos ver en el viaje de un alter ego ficticio de la cuna a la tumba, un paradigma o modelo de nuestro propio viaje en toda su naturaleza aleatoria y fascinante”. Tal vez, aunque el recurso no deja de parecer, en cierto sentido, anacrónico. . . #booklover #librosenespañol #lectura #librosgram #literatura #instabook #libros #libros📚

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