¿Cómo y qué se escribe sobre bebés? Rivka Galchen responde: en la literatura “hay más perros que bebés”. Están, además, vinculados a la maternidad, un tema con dos aristas poderosas: el lugar común —la abnegación, el sacrificio, etc.— o bien la culpa y el arrepentimiento —Clara Savage Littledale, primera editora de la revista “Parents”, dio en 1932 una charla para NBC radio en la que reconocía que como madre había sido un “fracaso”.

Deconstrucciones de lado, lo cierto es que un bebé (y la maternidad asociada a éste) es un tema ambivalente: se convierte en una necesidad (Galchen dice “droga”) y, al mismo tiempo, en una prisión —hay un momento memorable en “La niña perdida” de Elena Ferrante en el que la hija de la narradora demanda que su madre pele una naranja y forme una serpiente con la cáscara. Su petición, en un momento particularmente tenso, se convierte de pronto en una jaula.

Este largo rodeo tal vez sirva para contextualizar Pequeñas labores, un gran libro que transita por esa ambiguedad alrededor de todos estos temas —sobre todo, el libro evita el lugar común y nos lleva frente al desconcierto que ocasionan.

En un momento del libro, Galchen compara la película “47 Ronin” con los bebés. En realidad, nos dice, trata sobre ellos.

La célula dormida, el poder latente: es una parábola sobre bebés. Parecen inofensivos, pero son titiriteros.

Más adelante, comenta que los bebés son los únicos con “acceso indiscutible al poder” cuya regordeta mano nos obliga a responder con una reverencia. En otras palabras, el bebé ejerce cierta tiranía sobre nosotros, poder al que cedemos gustosos.

¿Qué clase de droga es un bebé?

Muchos días pienso en ella como si fuera una droga. ¿Pero qué tipo de droga? Un día decido que es un opiáceo: me llena de un profundo bien­ estar, una sensación no vinculada con ningún logro o atributo, y esta sensación de bienestar es tan tóxica que estoy dispuesta a permitir que mi vida se derrumbe por completo con tal de que ese sentimiento persista. Otro día, la bebé me recuerda la prevalencia de un conjunto muy distinto de neurotransmisores. Pienso en la madre de unas gemelas que me dijo que sí, que amaba a las niñas, pero que una tarde se había sorprendido a sí misma pensando comprensiva­ mente en la mujer que ahogó a sus cinco hijos, y ella, mi amiga, después de eso decidió pedir ayuda. Llamó a su madre. Su madre le dijo: “El bebé humano es inútil, el bebé humano es como ningún otro animal, los animales al menos pue­ den caminar, mientras que el bebé humano es una nada”.

Para finalizar, vale la pena mencionar la estructura breve y ágil del libro, que no es otra cosa que un reflejo del corto tiempo que tiene Galchen para escribir —entre siestas, con la bebé en los brazos, etc., una forma de la escritura que tal vez se abra como género, similar a los que escriben en servilletas, notas de la tintorería o cualquier otro fragmento.

En este link pueden revisar otro extractos del libro.

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