Uno se pasa toda la vida esperando algo y cuando ese algo llega la vida se te queda como rota

Rilke, en su famosa carta, escribió:

Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo?

Este libro se alimenta de dicho consejo. No hay anécdota, tan solo una serie de estampas que reflejan el punto de vista de la niñez y su tiempo:

Allí estaban otra vez, frente a frente y también ahora frente a mí, el pequeño tractor y la máquina de cortar el césped marca GM. Me acerqué a ella con cuidado. No sé bien explicar qué es lo que me atraía de aquella máquina pero me pasó lo mismo que la vez anterior que la vi. Estaba sorprendentemente limpia y tranquila. De pronto, mirándola a ella es como si no hubiera nada más, acaso ningún ruido. Pero, por otro lado, al mirarla me daba la sensación de que alguien más estaba compartiendo esa mirada.

En este fragmento está la clave para entender el libro. Pedro Letai (Madrid, 1982) ha publicado los poemarios El gran búfalo americano, finalista del Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, y Todos los aviones; y la novela Siete canciones pasada la medianoche.

Marta Sanz, en el epílogo, escribe que la mayor virtud de esta nouvelle construída de fragmentos es “su potencia lírica y, ligada a ella, la manera de abordar lo elegíaco”. Concuerdo.

Pueden leer un adelanto del libro en el siguiente link.

 

 

 

 

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