En El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki desarrolla una idea poderosa: mientras que en Occidente el aliado de la belleza fue siempre la luz, en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra. Borges, en un poema del mismo nombre, intuyó algo similar: la oscuridad se parece, en realidad, a la dicha, pues en ella habita la memoria.

La obra del brasileño Alex Senna nos recuerda estas ideas: lo que importa es la perspectiva y la silueta que se forma. Agotado el 2D del grafiti tradicional, Senna ha vislumbrado en la perspectiva una nueva frontera. El arte, como sabemos, es una forma de ver.

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Criado en Sao Paulo, la mirada de Senna se parece al rascacielos —ese intento humano por arañar el aire— y convierte a la pared, así, en otra acera.  Su invención, además, transforma el lugar en el que nos encontramos: en realidad estamos flotando sobre la escena.

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Diríjanse ahora a la estancia más apartada, al fondo de alguna de esas dilatadas construcciones; los tabiques móviles y los biombos dorados, colocados en una oscuridad que ninguna luz exterior consigue traspasar nunca, captan la más extrema claridad del lejano jardín, del que les separan no sé cuántas salas: ¿no han percibido nunca sus reflejos, tan irreales como un sueño?

Junichiro Tanizaki

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Todas las obras de Senna están pintadas en blanco y negro por una sencilla razón: el artista padece de acromatopsia.

En el sueño no hay colores.

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El arte callejero, el graffiti o cualquier intervención urbana muestran que, incluso en una ciudad muy controlada, hay personas que hacen lo que quieren. Es una comunicación entre personas, sin política en el medio.

Alex Senna

Y, pese a esto, el graffitti es un acto político —tal vez por esto varios regímenes totalitarios han tratado de controlarlo en distintos momentos.

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«Pronto sabré quien soy», dice el verso final en el poema de Borges, contrariando así al topus uranus platónico. El yo es una sombra que se escapa, pero acaso los graffitis de Senna nos provean, precisamente, de lo contrario: en esas sombras reside la verdadera forma.

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