1280 almas – Jim Thomson

1280 almas es el relato de un momento en la vida Nick Corey, sheriff de Potts County, un pueblo en el corazón racista de los Estados Unidos. El sheriff, que al principio pareciera vago y blandengue, se revela poco a poco como un tipo malévolo, narcisista, sin ningún tipo de moral.

—Bueno, me parece que mientes, tío John —dije—, y me duele oírte. En la Biblia pone que mentir es un pecado.
—También es pecao matar a la gente, señor Nick. Un pecao peor que mentir. Y usté… usté…
—Te voy a decir una cosa, tío Joh. Te voy a decir una cosa y espero que te tranquilice: todos los hombres matan lo que aman.

El género negro —que he estado leyendo, como se han dado cuenta— muta una vez más, ahora en un anti-héroe que no busca esclarecer ningún misterio, sino crearlos para su propio beneficio. Nick Corey, así, comienza a asesinar a varias personas que se le cruzan en el camino, incluyendo a su esposa y al hermano lelo al que mantiene.

Nada de esto le preocupa demasiado: el sheriff es, sin saberlo, un determinista, todo está prefijado y no hay manera de escapar de nuestras circunstancias:

¿Somos de verdad libres? Nos controlan por todas partes: nuestra estructura física, nuestra estructura mental, nuestro pasado. Nos moldean a todos por igual, nos determinan para desempeñar determinado papel en la vida y, George, lo mejor es hacerlo, llenar el agujero o como mierda quieras llamarlo, porque si no, se derrumbará el cielo y nos caerá encima. Lo mejor es hacer lo que hacemos o nos lo harán a nosotros.

Conforme el género negro avanza renuncia a ciertas convenciones, en este caso, a la idea de que al final todo quedará solucionado —sobrevivir, parece sugerir Thompson, es lo único que importa. Como colofón, debo decir que no ubicaba a Jim Thompson, aunque había visto una película inspirada en uno de sus libros —‘El asesino dentro de mí’, estrenada en 2010.

Escuchen también:

Posts relacionados