Raymond Chandler

Se sabe de Chandler que fue un alcohólico gran parte de su vida y que tuvo una relación complicada y extraña con su esposa, veinte años mayor que él. La correspondencia que reúne este libro da pistas sobre estos dos puntos —en otras palabras, es un excelente documento para entender mejor al escritor detrás del famoso detective Philip Marlowe.

Por ejemplo, Chandler muestra un interés temprano en la literatura, pero no es hasta sus 51 años que publica su primera novela, El sueño eterno —antes de esto había publicado una decena de relatos en distintas revistas pulp, lo que le había ganado cierta reputación en el medio.

Incidentalmente, descubrí que la parte más difícil de su técnica era la capacidad de crear situaciones que estaban en el límite de lo inverosímil, pero que en la lectura parecían lo bastante reales. Espero que entienda esto como un cumplido. Yo nunca he podido hacerlo, ni de lejos. Dumas tenía esta cualidad en el más alto grado. Dickens también. Probablemente es lo fundamental para todo trabajo rápido, porque naturalmente el trabajo rápido tiene una gran medida de improvisación, y hacer que una escena improvisada parezca inevitable es toda una hazaña. Al menos eso me parece.

En ese tiempo, la literatura policiaca evoluciona bajo el concepto “hard-boiled”, que no es otra cosa que la proliferación del crimen organizado en una sociedad corrupta, en este caso, el Estados Unidos de la prohibición. Philip Marlowe nace en esta época, un tipo inteligente pero, sobre todo, moral: el detective, diría Vázquez Montalbán (discípulo de Chandler), es el termómetro moral de una sociedad.

A partir de 1944, Chandler comienza a trabajar en Hollywood como guionista, lo que le asegura una posición económica holgada —en esa época se compra una casa en La Jolla, California, con una impresionante vista al mar. De esta época vienen la mayoría de sus cartas. En una de ellas escribe, con respecto a otro escritor:

Tengo la impresión de que es un hombre bastante triste, bastante solitario.

La misma idea se hace uno al leer sus cartas: sus comentarios mordaces, inteligentes –no exentos del machismo y el racismo de la época–, dejan ver a un hombre solo. Cuando su esposa muere, el mundo se le viene encima:

Durante 30 años fue la luz de mi vida, mi única ambición. Todo lo demás que hice fue para alimentar el fuego en el que ella pudiera calentarse las manos.

Chandler no se recuperaría: entró y salió de su alcoholismo hasta marzo de 1959, año que murió por complicaciones de una neumonía.

Escuchen también:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.