Casi todos los escritores que han sido y son referentes para mí han tenido, o tienen, una relación especial con lenguas y países diversos: son viajeros y traductores, han conocido el exilio, tanto interior como exterior. Decía Pasternak en boca de Zhivago a Lara: «Creo que no te amaría con tanta intensidad si no tuvieses nada de qué quejarte ni nada que lamentar. No amo a los justos, a aquellos que jamás cayeron, que nunca dieron un traspié, pues la suya es una virtud muerta, de escaso valor. A ellos no se les revela la belleza de la vida». Los autores que me acompañan han practicado, a la fuerza o de buen grado, un culto por el obstáculo, una suerte de metafísica de la frontera.

Marta Rebón, En la ciudad líquida

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