El pipián en casa de la abuela, los burritos en el microondas, el puesto de tacos a las tres de la mañana, el restaurante en un barrio exclusivo, la pechuga a la plancha de la dieta de enero, los romeritos navideños: todos, momentos que reconocemos en nuestra relación diaria con la comida y que un día, tal vez, desaparezcan. ¿Por qué? Propongo tres posibilidades.

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