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Revisité a Augé y su libro de los "no lugares", espacios que, de manera reduccionista, se ejemplifican como centros comerciales, hospitales o aeropuertos. En realidad, un no-lugar bien podría ser cualquier espacio sin anclaje histórico-social, sitios de tránsito (o movimiento) en el que las relaciones entre los individuos están mediadas por el intercambio comercial o contractual —un museo, así, sería también un no-lugar. Lo que se ha perdido, dice implícitamente Augé, es la comunidad, así como los dispositivos simbólicos que se comparten en un grupo y generan pertenencia y sentido. Así, el turista y el viajero "atraviesan" el espacio, convirtiéndolo en un no-lugar al momento (en oposición a esto, el lugar ofrecería a sus individuos de elementos "identificatorios, relacionales e históricos"). Las razones que da Augé al respecto se basan en la crisis del tiempo y el espacio —el primero, acelerado por los medios (la "multiplicación de acontecimientos") al mismo tiempo que los grandes relatos han sido derribados; el segundo, debido a la saturación de imágenes, accesibles en cualquier momento. Ambos ocasionan lo que Augé denomida "sobremodernidad", la superabundancia de eventos o, en palabras más simples, el exceso —vale la pena notar cómo este argumento llegó antes de la selfie, es decir, la hipertrofia del exceso. La consecuencia para Augé es clara: la soledad. De esta síntesis se pueden derivar múltiples análisis e implicaciones: "un mundo así prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero, al pasaje, propone al antropólogo y también a los demás un objeto nuevo cuyas dimensiones inéditas conviene medir antes de preguntarse de qué punto de vista se lo puede juzgar." Charles-Edouard Jeanneret, mejor conocido como Le Corbusier, fue un arquitecto Suizo-Francés, pionero de la arquitectura moderna en Europa —hay que recordar que el sistema europeo era el clásico y la reconstrucción post-Segunda Guerra Mundial abrió en Europa la posibilidad para otro modelo para la arquitectura. Dicho esto, para Le Corbusier el arquetipo a mirar era Estados Unidos: grandes piezas de concreto, rascacielos, autopistas, lugares de automóvil como parte del diseño citadino –en su libro "Hacia una arquitectura" de 1923 hace constantes referencias al auto como ejemplo de un nuevo mundo y, por extensión, de la nueva arquitectura que él buscaba. No sólo es símbolo de modernidad y progreso, sino que moldea la forma de la ciudad al integrar vías de circulación rápida: una ciudad construida para la velocidad es una ciudad construida para el éxito.

En Firminy, poblado cerca de Lyon, Le Corbusier construiría Firminy Vert, un conjunto arquitectónico que consta de una unidad habitacional, una iglesia, un estadio y una casa de cultura. El sitio ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad y refleja bien los principios de Le Corbusier: 
a) un edificio levantado sobre pilotes 
b) Un marco estructural formado por columnas y vigas
c) Paredes externas acristaladas
d) Un plano abierto flexible (sin muros de carga) que se puede adaptar de acuerdo con las funciones del edificio y sus cambios
e) Una terraza que actúa también como jardín y área común

Un lugar, sin duda, impresionante. Los puentes de Calatrava son de lo más célebre de su obra —están en Venecia, Barcelona, París, Mérida, Sevilla y, próximamente, Londres. En la foto se aprecia un detalle del puente Assut de l'Or de Valencia, un atirantado que cruza el Jardín del Turia. Es curioso que el grueso de la crítica se centre en el balance entre eficiencia y estética (por ejemplo, está cita de una nota de El Español: "La imagen y la voluntad de destacar prevalecen sobre la eficacia estructural y económica del encargo"), como si al tener que escoger fuera preferible siempre la primera. Julián Herbert se ha aventado un librazo con Cocaína —pienso en paralelismos con Denis Johnson y "Jesus' sons", por ejemplo. Si la literatura usual sobre las drogas gira alrededor de los excesos o la redención, en este libro "la blanca" funciona como ruido de fondo, estática que sirve para entender la derrota, rayas "que rehabilitan ante este pasón de simple vida". De todos los textos destaca "Soñar el sol", cuento vampírico, de los mejores que se hayan escrito en México. Es raro Calatrava. Más allá de la polémica —los fraudes, los materiales de baja calidad junto a la poca predictibilidad de sus presupuestos, su mal temperamento, etc.—, su obra parece querer alcanzar un futuro que nunca llegó. En otras palabras, envejeció mal: así era como imaginábamos el futuro hace 20 años. La Ciutat de les Arts i les Ciències parece un conjunto estetizante, esterilizado incluso, donde la arquitectura aspira a la pureza en medio de un mundo impuro. El fracaso de esta ambición es obvio: la eterna obra negra (el Ágora sigue inacabada), el óxido, la pintura descarapelada, etc., no hacen más que evidenciar la entropía que se apodera de cualquier sistema, incluso aquellos que cuestan más de mil millones de euros. Calatrava

I

¿Vibró el teléfono? No, no vibró. Miro la pantalla y sigue impasible, como si no hubiera pasado nada. Podría jurar que vibró.

Una búsqueda rápida explica que es una alucinación, en esencia, un error en la percepción ocasionado por el exceso de información del mundo exterior. Con tantos estímulos, el cerebro trata de discriminar cuáles son importantes y a veces falla. El fenómeno ha sido llamado “síndrome de la vibración fantasma” y, de acuerdo a uno de tantos estudios, 8 de cada 10 personas lo han sentido en alguna ocasión. El efecto es similar al que experimentan las personas que han perdido un miembro: sienten comezón, frío o, simplemente, la presencia de lo que no está ahí.

II

Recordemos el cuento de George Loring Frost, antologizado por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo en su compendio de literatura fantástica. En la breve narración, lo fantasmagórico se confunde con lo humano, es decir, lo vivo:

Al caer de la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

—Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

—Yo no —respondió el otro— ¿Y usted?

—Yo sí —dijo el primero y desapareció.

El cuento da una clave de la naturaleza del fantasma: nocturno, aparece “en los oscuros corredores”. Su presencia, además, se confunde con la del vivo –en el folclor mexicano abundan historias de una mujer que, al terminar el baile, pide que la lleven al cementerio. De manera previsible, la mujer está muerta.

En Occidente, la idea del fantasma deviene del imaginario cristiano: la trinidad del hombre –cuerpo, alma y espíritu– se desbarata con la muerte. La carne fenece, el alma espera el juicio final y el espíritu regresa a Dios, a menos que algo lo retenga en la tierra, es decir, lo convierta en fantasma. Esta idea le otorgó sus peculiares rasgos[1] –sin carne, flota semitransparente–, pero acaso el más interesante sea el que nos habla de sus gestos repetitivos: tira la canica, prende y apaga la luz, grita “ay, mis hijos” ad infinitum porque está separado del alma, es decir, de la razón –de acuerdo a San Agustín, el intelecto es la esencia del alma[2].

En todo caso, su presencia plantea otro problema más importante: ¿qué quiere? ¿Para qué ha venido? El fantasma es una suerte de invasor, un extranjero cuyas intenciones nos son ocultas.

III

Dice Hugo Hiriart que cada sentido tiene sus fantasmas. Cada época, también. Cuenta Alberto Chimal que su esposa, Raquel, se implantó un imán en el dedo anular: “el imán vibra, silencioso, sin que nadie salvo mi esposa se dé cuenta, cuando se enciende cerca un proyector de video o cuando pasa por un detector de mercancía en una tienda. O cerca de otro imán. Es una ampliación del sentido del tacto: una auténtica modificación (aunque sea pequeñísima) de la forma en que se percibe el mundo”.

En su modesta proporción, la vibración inexistente del celular inaugura la convergencia de la carne y la tecnología y con ello, nuevas alucinaciones o fantasmas. La industria de los wearables –gadgets como ropa interior–, abre un mundo de posibilidades: no solo la acumulación de datos de nuestro entorno y nuestro cuerpo –chips que miden nuestros signos vitales, sensores en nuestro cerebro–, sino la ampliación de nuestros sentidos –lentes de contacto conectados a Internet, prótesis robóticas, ampliaciones de la memoria–, es decir, una nueva forma de percibir el mundo similar a la que refiere Chimal y, más allá, otra frontera: Raymond Kurzweil, científico y director de ingeniería de Google, anticipa que la Singularidad –el momento en que la inteligencia artificial sobrepasará las capacidades humanas– sucederá en los próximos treinta años[3]. Como el pasillo de aquella galería de cuadros, la única oportunidad que tiene el hombre para mantenerse vigente en el futuro cercano es a través de su fusión con la tecnología.

IV

The old evolution is cold. It’s sterile. It’s efficient, okay? And its manifestations of those social adaptations. We’re talking about parasitism, dominance, morality, okay? Uh, war, predation, these would be subject to de-emphasis. These will be subject to de-evolution. The new evolutionary paradigm will give us the human traits of truth, of loyalty, of justice, of freedom. These will be the manifestations of the new evolution.

Waking Life

Nuestros futuros fantasmas no serán nuestros electrodomésticos chateando desde el centro de reciclaje, ni el refrigerador desconectado pidiendo leche al supermercado: seremos nosotros, fantasmas para los no vivos en nuestra previsible –y absurda– humanidad obstinada por no desaparecer. En “Soy leyenda”, novela de Richard Matherson, se narra la ejecución del último homo sapiens, es decir, del monstruo:

El silencio se extendió sobre sus cabezas como una pesada capa. Todos volvieron hacia Neville sus rostros pálidos. Neville los observó serenamente. Y de pronto razonó: Yo soy el anormal (…). Y comprendió la expresión que reflejaban aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Le tenían miedo.

Si lo posthumano llega y la humanidad se convierte en extranjera, el horror será similar a esa película en la que los protagonistas se dan cuenta que ellos son, en realidad, los fantasmas –la vuelta de tuerca es darnos cuenta que nos hemos convertido en lo que nos aterra.

[1] Roger Clarke, en su libro “Historia Natural de los Fantasmas”, define una taxonomía mucho más interesante dividida en nueve tipos, entre los que destacan los primordiales, manifestaciones de un pasado distante o mitológico, y los poltergeists, fantasmas ruidosos cuya etimología proviene del alemán poltern, hacer ruido, y geist, espíritu.

[2] De Trinitate. IX, 2

[3] Kurzweil, Ray; The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology, 2005.

2 comments on “Futuros fantasmas

  1. Hola a todxs, excelente blog. me gustaría compartir con ustedes algunos escritos literarios mios. Saludos. http://literaturafantastica2014.blogspot.com.ar/

    1. Roberto Wong dice:

      Gracias Gabriel, saludos

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