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Sigo con Girona En medio de la guerra, una familia yugoslava pasa del fascismo al comunismo y de la esperanza al desencanto al mismo tiempo que el protagonista abandona la niñez. La novela de Ćosić es como un desfile vertiginoso en el que vemos pasar a una familia histérica y entrañable entre las ruinas de la historia: "La vida en familia se parecía a una película, emocionante, insólita, a veces bastante aburrida. La vida en familia evocaba sin cesar una historia leída hacía ya tiempo, olvidada, con pasajes oscuros. La vida en familia se componía de acontecimientos (...); los acontecimientos que sucedían en familia se llamaban <vida>, una palabra muchas veces usada y pocas comprendida". Publicada en 1969 por primera vez en una edición artesanal, el libro se convirtió en poco tiempo en una novela de culto al hablar de una época de caos y miedo y, en medio de esto, el humor como única salvación posible. Avalancha "¿Cuál es el límite si ya no tienes piel?
Y si ya no tienes pies
entre doler y hacer ¿qué se camina?
el cerco es solo una sala de espera 
y las salas de espera son, 
por definición,
habitaciones al borde del vacío.
vine solita a arrancarme las orillas."
Chapbook de Macky Chuca. A estas alturas tal vez ya sea inconseguible —yo guardo tres copias, por si un día necesito alguna de ellas.

comic book guy

–Entonces, ¿cuál es la moraleja? ¿Que todo es una mierda?

–Todo no. La comida. Pero ya sabes, nosotros, aquí, a veces… No todo se ha vuelto una mierda.

–Pon eso en mi lápida –dijo Edison–. No todo se ha vuelto una mierda.

Los dramas consanguíneos se resumen en historias de venganza o redención. Apuntalada en el segundo arquetipo, Lionel Shriver plantea en su reciente novela, Big Brother, el escenario de una mujer capaz de sacrificarlo todo para que su hermano, al que siempre admiró y que ahora se ha convertido en una bola de sebo, adelgace.

La trama comienza con Pandora, protagonista y narradora, recibiendo a Edison en el aeropuerto después de no haberlo visto en cuatro años.

Miré la cara redonda, esos rasgos tensos y como pintados en un globo. Mientras buscaba sus ojos marrones, casi negros ahora de tan caídos que tenía los párpados, creo que lo que hice fue tratar de no reconocerlo. (…) En algún lugar debajo de toda aquella grasa se ocultaba el sentido del humor de mi hermano.

De las páginas previas sabemos que Pandora vive en el tranquilo Iowa. Dueña de un negocio exitoso, vive una vida sin emoción al lado de un esposo que, a momentos, la saca de quicio. No hay mucho que decir del resto. La presencia de Edison actúa como catalizador, rompe el statu quo y provee una alternativa al aburrido transcurso de los días.

Al salir del aeropuerto, la cena en casa se convierte en un cliché: el gordo, como es de esperarse, arrasa con toda la comida de la mesa. La silla no lo soporta y van a buscarle un sillón. El rostro del esposo de Pandora exuda repulsión.

Los días pasan y el continuo contacto de Edison con la ordenada realidad de Iowa genera rechazos, burlas y crujidos. La cocina siempre está sucia. Una silla se rompe. Su esposo está de mal humor. Acongojada, Pandora trata de diseccionar su relación con Edison: un sentimiento de carencia al interior del hogar –la disputa constante por el amor o el reconocimiento– los empujó a ambos hacia la competencia neurótica contra el padre y su familia ficticia en la televisión.

Crecí entre una serie de paralelos que expresaban diversos grados de distorsión y caricatura. No sólo tenía un padre que se llamaba Hugh Halfdanarson, sino uno con el ridículo nombre de Travis Appaloosa y que, a su vez, interpretaba a otro padre llamado Emory Fields, un personaje de ficción que era un paterfamilias al que las cosas le iban mucho mejor que al monomaniaco ensimismado a quien sólo veía en casa muy de vez en cuando.

Edison, en un gesto neurótico, abandonó la casa y adoptó el apellido artístico del padre para buscar fama como músico de jazz. Pandora, en una venganza inconsciente, se volvió más famosa que ambos.

–Yo no estaba tratando de ganarte.

–Pero me ganaste. Y es peor incluso porque lo conseguiste sin intentarlo.

–¿De qué me ha servido? Travis me odio, y sigue afirmando que sólo soy una ama de casa. Y tú, por lo que dices, me odias…

–¡Por favor, basta! Es posible que no me divirtiera mucho haciendo muñecos, pero decir que triunfar saliendo en todas esas revistas como una empresaria famosa en todo el país, una mujer que gana no sé cuánta pasta, decir que eso no te ha servido… Bueno, nena, es simplemente ridículo.

La culpabilidad es la emoción detrás de toda la novela. Pandora, según expresa, tiene una oportunidad para lograr algo importante, algo que valga la pena: ayudar a su hermano a adelgazar o, lo que es lo mismo, a recuperar su vida.

A tumbos, la novela avanza y desarrolla la metamorfosis: los kilos desaparecen y una sutil tesis se desarrolla poco a poco.

Y propongo: la comida es, por naturaleza, difícil de aprehender. Más concepto que sustancia, la comida es la idea de la satisfacción, mucho más poderosa que la satisfacción misma, y por eso una dieta puede tener la misma influencia que la religión o el fanatismo político. No es lo apetitoso, ni un sabor irresistible, lo que nos lleva a comer más, sino la imposibilidad misma de que la comida satisfaga.

Pese a los problemas de verosimilitud –los seis meses bebiendo malteadas, el negocio improbable–, la redención está cerca. Claro, la vuelta de tuerca es necesaria: el gordo, que ahora es delgado, es en realidad un junkie de la comida –Shriver tiende varias líneas paralelas: la ex esposa de Fletcher era una drogadicta, la misma Pandora parece desarrollar un ligero problema alimenticio– que pronto regresa a ser la mole que era antes.

¿Cuál es la moraleja?

Lo decepcionante no es la aburrida moralidad planteada –el gordo como un vicioso incontrolable–, sino el simulacro creado: el universo narrado no es más que un gran arrepentimiento.

Por eso, cuando dije que lo echaría de menos, quise decir que echaría de menos lo que no habíamos experimentado, y no sé cómo se llama eso: nostalgia de lo que no ha ocurrido.

(…)

En lugar de llevar a Edison al aeropuerto aquella tarde a finales de noviembre, ¿debería haberle propuesto que ingresara en una clínica de rehabilitación ad hoc en Prague Porches, una urbanización real a un par de kilómetros de Solomon Drive? Nunca lo sabré a ciencia cierta.

La obra tiene un fuerte componente autobiográfico: Lionel Shriver compartió en una entrevista cómo su hermano “comió hasta la muerte” y cómo “nunca superará la culpa”. No es a partir de esto como se debe juzgar la obra. Si la novela no funciona como catarsis para la autora, menos funciona como obra de ficción: nada pasó realmente y al lector se le ha contado una gran mentira. Al igual que Travis –el padre de Pandora, quien eligió la ficción del celuloide como su realidad más cercana–, la novela comete el error de representar una pantomima ante lo plano de la anécdota inicial.

Para leer más de la anécdota de detonó esta novela, lean este artículo del Daily Mail.

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