Cuando un día, cae uno en la cuenta de que sus ocupaciones son míseras, y sus oficios inanimados, y sin relación alguna con la vida, ¿por qué no continuar igual que el niño, viéndolos como algo extraño, desde esa gran soledad -que en sí misma- es trabajo, jerarquía y oficio? ¿Por qué querer cambiar la sabia incomprensión del niño por lucha y desprecio? Pues no querer comprender es aceptar la soledad, y admitir que lucha y desprecio son una manera de comprometerse con las cosas que uno desea ignorar.

Rilke.

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