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Mi post anterior fue sobre Sirron Norris, artista de San Francisco cuya obra incluye casi siempre (aunque no exclusivamente) osos azules.  Sobre el por qué de esto, comenta: "Bears were always this symbol of love to me, just because I see a duality in terms of how we perceive the bear. One, we perceive the bear as a really scary grizzly bear, gonna kill you bear. Two, we see the bear as a teddy bear: cute, loving, soft, and cuddly. And that’s a lot like love, right? It can be really horrible and painful or it can be beautiful and cuddly. So I thought the bear was this great metaphor and symbol for love. At the time I created the blue bear, I was not in a relationship, I was kind of depressed about love. Hence, the blue color. It just stuck from there." En esta misma esquina de Clarion Alley vi su trabajo por primera vez —otras fotografías de obras previas en este mismo espacio están perdidas en este Instagram. "Moving on, as a concept, is for stupid people, because any sensible person knows grief is a long-term project. I refuse to rush. The pain that is thrust upon us let no man slow or speed or fix". Esta novela de Max Porter es especial. Por un lado, hace converger al poema y la prosa de una forma ágil que confunde los límites entre ambos géneros. Por el otro, retrata el dolor de una familia que pierde a uno de sus miembros —si algo nos enseña Porter es que el dolor reside en las pequeñas cosas, por ejemplo: los niños, para evitar la culpa ante el avance del olvido que empieza a arrancarles los recuerdos de su madre, olvidan a posta 'cosas' de su padre; o bien, el padre recuerda una noche juntos en la que bebieron Prosecco y parece gritar, desesperado, 'I want to be there again. Again, and again.' Encima de esto la novela incorpora un Cuervo, una alucinación o entidad que añade vida al relato y lo convierte en algo más que un hombre hecho un ovillo sobre el suelo. Con un ritmo rápido y distintas profundidades, 'Grief is the thing with feathers' es una novela que no dejará al lector indiferente. ***
Duele la situación en México, recuerden que pueden donar a la Cruz Roja desde amazon.com.mx. Si han estado en San Francisco tal vez hayan visto diversos murales con osos azules, trabajo de Sirron Norris. La primera vez que me topé con su obra fue en Mission District, en la esquina de Valencia con Clarion Alley. Norris tiene un problema con que se le etiquete como 'street artist' o 'graffiti artist': "One is totally different than the other. One is relatively ephemeral, usually the subject matter is limited, it probably doesn’t have a narrative at all, and it can be done at a large scale in under an hour. That’s graffiti art. It’s not expected to last. Everyone just expects it to go away. Murals tell about people’s histories, murals have a huge history in San Francisco, murals are painted with a brush, and murals take months to create". Si bien Norris reconoce la génesis latinoamericana del mural, su propuesta no está apegada a ella, más bien es una mezcla entre pop y graffitti (pese a que no le guste el mote) con el objetivo de recuperar el espacio público: "A lot of the houses were getting tagged and taken over by gangs (Mission District), so murals were created out of necessity to beautify the community. It made the community feel safer for children. Even though the neighborhoods might have been dangerous, people still wanted their kids to feel safe". Dentro de esta visión el oso azul nació como una representación del amor y la desilusión (to be blue, en inglés, es sinónimo de estar triste). Este árbol es "Teneré", obra de Zachary Smith y el despacho holandés Studio Drift. Fue exhibido por primera vez en Burning Man 2017 y tiene 175,000 LEDs que funcionan como hojas, lo que permite programar múltiples patrones en su follaje, como se aprecia en el video (el algoritmo que controla la iluminación de los LEDs imita el vuelo de los pájaros y recopila información kinética de las personas alrededor). El nombre "Teneré" significa "desierto" en tuareg, y simboliza una acacia que creció 400 kilómetros lejos de cualquier otro árbol en el Sahara. "Este árbol solitario solía ser uno de los símbolos más fuertes de la vida, floreciendo en las condiciones más adversas", explicaron los artistas, ya que el árbol original no existe más —en 1973 un camión lo derribó, siendo reemplazado por una escultura metálica y depositándose el original en el Museo Nacional de Níger. Hay veces que uno se encuentra con libros olvidables. Cuando esto sucede, ¿por qué continuar leyéndolos? Tal vez por la fatua esperanza de que algo sucederá que nos hará cambiar de opinión —mecanismo similar al que nos ata a una relación tóxica o sin amor. Otra respuesta la da Tim Parks en su ensayo Why finish books?: "son solo los jóvenes, vinculados aún a esa sensación de logro o hazaña inculcada por padres ansiosos, quienes continúan leyendo aunque no haya gozo". Bueno, pues así con este libro. Fui a Burning Man otra vez. La metáfora usual del festival es la del fénix, pero hay otra que me parece más interesante y está reflejada en uno de los principios del festival: "leaving no trace". En un mundo donde todo apunta hacia la inmortalidad —las calles, los monumentos, las obras, el Internet— es refrescante construir y destruir una ciudad en una semana, dejar aquel desierto atrás como si nunca hubiéramos estado ahí.

Puedo entender que no todo el mundo le agarre el gusto a Bolaño. Sus cuentos, en general, tienen esa propensión a lo inacabado, a dejar entrever una realidad más compleja que la declarada, e intuir solamente sus derivaciones y efectos. Así es Putas Asesinas, libro que consta de 13 relatos del chileno y que es presentado por Anagrama como una colección imprescindible de la literatura en lengua española. Tal vez, pero no por la razones de Anagrama, sustentadas únicamente por el argumento de ventas.

Dicho esto, Bolaño es parte de una tradición cuentista que tuvo en Hemingway a su padre. Bolaño explora a su modo las implicaciones del iceberg del viejo, y generan un entramado paulatino de historias donde lo más importante es esa elipsis invisible. El Ojo Silva, por ejemplo, es un cuento que nos va adentrando en una serie de historias, tal cual cajas chinas, donde el clímax aterriza en el escape del Ojo Silva de un prostíbulo, con dos niños a su lado. ¿Qué significa el desenlace, las lágrimas que no paran de correr? Parafraseando al propio Bolaño, honestamente, no lo sé, pero creo que apunta hacia la pérdida de todo destino, hacia la tragedia del sabernos huérfanos de cualquier anhelo o intención.

Últimos atardeceres en la tierra es un cuento genial, donde la melancolía está embebida en todo el relato, y donde Bolaño nos lleva, cual junkies, a una tensión esperada que se resuelve con la pelea final entre el padre y los hombres de la cantina. Para los aficionados del futbol, Buba es un cuento que habla sobre dos jugadores de futbol que, sugestionados para jugar mejor a través del rito que realiza con su sangre su compañero africano, dejan de lado cualquier conocimiento profundo de lo que es la vida de Buba.

El libro es recomendable, aunque otras colecciones de cuentos suyos, como Llamadas telefónicas, tal vez satisfagan mejor a un lector primerizo.

2 comments on “Putas asesinas – Roberto Bolaño

  1. Silvestre Revueltas dice:

    Con riesgo de ser vómito de lo evidente, nuestra percepción del mundo desde el absoluto, hasta lo particular, está moldeada por nuestro conocimiento del mismo. Esta es una regla que aplica a todo ser perteneciente al reino animal. Sin embargo, en el caso del ser humano, aplica también la tan discutida “individualidad”, aquello que hace que una manzana caiga no tan lejos, o no tan cerca del árbol según el observador. Lo que a unos provoque inmenso placer, en otros podrá generar profundo disgusto. Estas discrepancias se dan en mayor o menor volumen y magnitud. Por ejemplo, tres amigos que se encuentran en la calle, y uno pregunta a otro: ¿Viste la película de King Kong? Está buenísima. A lo que el otro replica: Pues a mi me chocó; mientras que un tercero dice que le pareció larga, pero que no está tan mal.
    En fin, todo esto para decir que a mi el señor Bolaño (de cuya obra me declaro ignorante, en casi su totalidad), no ha sido capaz de atraparme con sus letras, pero que, a raíz de la lectura de este artículo, decido darle una segunda oportunidad, con el libro Llamadas telefónicas. Probablemente el round 2 sea mucho más agradable para todos los espectadores ciegos y ausententes que, al filo de la butaca, observarán el encuentro, ávidos por una decisión definitiva.

    1. robbwong dice:

      jajaja, mejor lea “alguien que anda por ahí”, de Cortázar, buen volumen.

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