Puedo entender que no todo el mundo le agarre el gusto a Bolaño. Sus cuentos, en general, tienen esa propensión a lo inacabado, a dejar entrever una realidad más compleja que la declarada, e intuir solamente sus derivaciones y efectos. Así es Putas Asesinas, libro que consta de 13 relatos del chileno y que es presentado por Anagrama como una colección imprescindible de la literatura en lengua española. Tal vez, pero no por la razones de Anagrama, sustentadas únicamente por el argumento de ventas.

Dicho esto, Bolaño es parte de una tradición cuentista que tuvo en Hemingway a su padre. Bolaño explora a su modo las implicaciones del iceberg del viejo, y generan un entramado paulatino de historias donde lo más importante es esa elipsis invisible. El Ojo Silva, por ejemplo, es un cuento que nos va adentrando en una serie de historias, tal cual cajas chinas, donde el clímax aterriza en el escape del Ojo Silva de un prostíbulo, con dos niños a su lado. ¿Qué significa el desenlace, las lágrimas que no paran de correr? Parafraseando al propio Bolaño, honestamente, no lo sé, pero creo que apunta hacia la pérdida de todo destino, hacia la tragedia del sabernos huérfanos de cualquier anhelo o intención.

Últimos atardeceres en la tierra es un cuento genial, donde la melancolía está embebida en todo el relato, y donde Bolaño nos lleva, cual junkies, a una tensión esperada que se resuelve con la pelea final entre el padre y los hombres de la cantina. Para los aficionados del futbol, Buba es un cuento que habla sobre dos jugadores de futbol que, sugestionados para jugar mejor a través del rito que realiza con su sangre su compañero africano, dejan de lado cualquier conocimiento profundo de lo que es la vida de Buba.

El libro es recomendable, aunque otras colecciones de cuentos suyos, como Llamadas telefónicas, tal vez satisfagan mejor a un lector primerizo.

2 thoughts on “Putas asesinas – Roberto Bolaño”

  1. Con riesgo de ser vómito de lo evidente, nuestra percepción del mundo desde el absoluto, hasta lo particular, está moldeada por nuestro conocimiento del mismo. Esta es una regla que aplica a todo ser perteneciente al reino animal. Sin embargo, en el caso del ser humano, aplica también la tan discutida «individualidad», aquello que hace que una manzana caiga no tan lejos, o no tan cerca del árbol según el observador. Lo que a unos provoque inmenso placer, en otros podrá generar profundo disgusto. Estas discrepancias se dan en mayor o menor volumen y magnitud. Por ejemplo, tres amigos que se encuentran en la calle, y uno pregunta a otro: ¿Viste la película de King Kong? Está buenísima. A lo que el otro replica: Pues a mi me chocó; mientras que un tercero dice que le pareció larga, pero que no está tan mal.
    En fin, todo esto para decir que a mi el señor Bolaño (de cuya obra me declaro ignorante, en casi su totalidad), no ha sido capaz de atraparme con sus letras, pero que, a raíz de la lectura de este artículo, decido darle una segunda oportunidad, con el libro Llamadas telefónicas. Probablemente el round 2 sea mucho más agradable para todos los espectadores ciegos y ausententes que, al filo de la butaca, observarán el encuentro, ávidos por una decisión definitiva.

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