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Sigo con Girona En medio de la guerra, una familia yugoslava pasa del fascismo al comunismo y de la esperanza al desencanto al mismo tiempo que el protagonista abandona la niñez. La novela de Ćosić es como un desfile vertiginoso en el que vemos pasar a una familia histérica y entrañable entre las ruinas de la historia: "La vida en familia se parecía a una película, emocionante, insólita, a veces bastante aburrida. La vida en familia evocaba sin cesar una historia leída hacía ya tiempo, olvidada, con pasajes oscuros. La vida en familia se componía de acontecimientos (...); los acontecimientos que sucedían en familia se llamaban <vida>, una palabra muchas veces usada y pocas comprendida". Publicada en 1969 por primera vez en una edición artesanal, el libro se convirtió en poco tiempo en una novela de culto al hablar de una época de caos y miedo y, en medio de esto, el humor como única salvación posible. Avalancha "¿Cuál es el límite si ya no tienes piel?
Y si ya no tienes pies
entre doler y hacer ¿qué se camina?
el cerco es solo una sala de espera 
y las salas de espera son, 
por definición,
habitaciones al borde del vacío.
vine solita a arrancarme las orillas."
Chapbook de Macky Chuca. A estas alturas tal vez ya sea inconseguible —yo guardo tres copias, por si un día necesito alguna de ellas.

¿En qué quieres que piense cuando te miro, amor? Si quieres puedo pensar en la noche en la que te vi por primera vez y decidí: ‘esta será la mujer del resto de mi vida’. En nuestra primera plática cuando dijiste que tenías un tatuaje y eso me decepcionó de ti, hasta que me mostraste tu tatuaje y me pareció el tatuaje más hermoso de todos los tiempos. En nuestro primer paseo en tu Citröen BX, pusiste un cassette y dijiste: ‘tengo aquí el sencillo que romperá récords’, y escuché esa canción, y sólo porque tú pensaste que batiría récords yo también lo pensé, y era ‘Smells like teen spirit’ de Nirvana. En nuestra primera pelea (sobre algo fútil acerca de tu amante previo), y cómo vi que tus ojos siguieron igual de hermosos cuando salieron lágrimas de ellos. En la primera vez que tuvimos sexo, y cómo temblaste de miedo porque temías que no sería buen sexo, y cómo el temblor disminuyó despacio y desapareció.

¿En qué quieres que piense cuando te miro, amor? Si quieres puedo pensar en el día en el que falleció mi madre y cómo por mi tristeza tú también estabas triste como si ella hubiera sido tu propia madre, aunque nunca la habías conocido. En esa vez que el doctor me había hecho un diagnóstico equivocado y dijo que yo tenía cáncer, y cómo tú lo ofendiste tanto que me asustaron tu coraje y agresión, y cómo ese doctor, por miedo a ti, hizo otra prueba de sangre enseguida y aliviado, dijo que no tenía cáncer, y cómo tú no le hiciste caso y me dijiste, llorando un poco: ‘tú nunca te puedes morir’. O en aquella noche en la que tomé mi último whiskey -nunca había estado tan ebrio-, y me dijiste: ‘Dios, qué hermoso eres cuando estás sobrio’. O esa vez que, aunque tenías que levantarte muy temprano, te quedaste conmigo a ver la final del campeonato mundial de billar hasta mucho después de medianoche, y qué tan grande fue tu alegría porque ganó Stephen Hendry, porque Stephen Hendry era mi favorita. En el día en el que, estropeado por la nostalgia, a fuerza quería escuchar ‘Born Sandy Devotional’ de los Triffids, que en otra vida había tenido su LP, y llamé a todas las tiendas de discos en Gante y nadie tenía el CD en inventario y cómo entonces saliste de la casa y media hora después regresaste con el disco y pensé: ‘esta chica practica magia’.

¿En qué quieres que piense cuando te miro, amor? Si quieres puedo pensar en ese desastroso día en el que estaba esa horrible carta de requisición de impuestos en el buzón, en el que un teatro rechazó mi obra, en el que me dio pulmonía, en el que dañaron nuestro coche, en el que salió humo de computadora, en el que yo, muriéndome de desesperación, no podía dormir -todo en ese mismo día de mierda-, y cómo hiciste que ni siquiera ese día fuera un mal día. En esa vez que de la nada mi escritura se bloqueó y parecía que era para siempre, y yo estaba seguro de nunca más poder poner una palabra en papel, y tú hablaste una hora conmigo, y subí y escribí esa noche el primer capítulo de mi novela ‘Ex-Amante’ que después sería un enorme best-seller. En esa vez que estaba harto de todo, harto, harto, harto, y grité: ¡estoy harto de ti también!, ¡lárgate!, ¡nunca más te quiero volver a ver!, y llorabas, y aún así te quedaste, y nunca había sido tan feliz de que alguien se quedara conmigo. En esa noche que estabas muy enferma, pero aún así hiciste papas fritas porque yo tenía ganas de papas fritas, y sabes, ningún freidor profesional de papas fritas podía competir con las tuyas. En esa noche en la que estaba en un sueño profundo y me despertaste y con una voz pequeña y fina de miedo me preguntaste -nunca te había visto tan triste-, ‘¿me amas?’, y mi respuesta se deja adivinar. ¿En qué quieres que piense cuando te miro, amor? Si quieres puedo pensar en mi amor por ti. Hermosos pensamientos.

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