search instagram arrow-down

Author

Follow El Anaquel | Blog Literario on WordPress.com

Instagram

"Hasta que pase un huracán" es la historia de una chica que decide ser extranjera. Para lograrlo, se convierte en aeromoza y vuela a Miami con la esperanza de encontrar a un hombre que le de la ciudadanía. El sueño que la mueve es gris y la novela no es sino una serie de desencuentros: el novio del colegio, un chulo en Miami y el capitán del avión en el que trabaja. El desapego y cinismo del narrador es impresionante —en un momento se cuenta una historia: "había una vez una princesa dulce y buena, que tenía un solo defecto: no sabía distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo horrendo"—, pocas cosas la tocan y el texto pareciera ser sino el retrato de esa Latinoamerica seducida por Miami. Al inicio de la novela la narradora dice: "uno siempre espera demasiado". Tal vez, producto de esta lección, abandona su proyecto y se dedica a cuidar a un viejo en un lugar de finas olas y viento como un chillido frío y un horizonte vacío y nada más. Bill Viola fue uno de los padres del videoarte en los 70. El Palazzo Strozzi, en Florencia, organizó una muestra de aquellas obras de Viola inspiradas por el Renacimiento italiano. Es interesante constatar sus fuentes de inspiración: en la fotografía se aprecia, antes de entrar a la proyección, la pintura "Diluvio" de Paolo Uccello. La obra de Viola lleva el mismo título y muestra un edificio en el que todo transcurre como siempre: la gente pasa, se muda, conversa, come, ríe, etc., hasta que el diluvio comienza. Viola subvierte el recorrido del agua: el espacio interior es ahora del que mana el agua incontrolable. La gente, en el video, es arrastrada por ella hasta la calle. La manera en que ambas obras han sido curadas da la sensación de entrar en una iglesia. En ella, el pavor —tanto en Uccello como en Viola— emerge en tanto se confirma nuestro temor: el juicio es real y no hay salvación. En 1974 Viola vivió en Florencia trabajando en la galería art/tapes/22. No es de extrañar entonces que el artista absorbiera de las obras florentinas algunos de sus temas: la vida y la muerte; la condenación y la redención; el renacer; en síntesis, motivos que hacen cuestionarnos ideas como la permanencia o la salvación. Si bien la exhibición contrapone conceptos, también brinda un espacio para el diálogo entre el arte clásico y el contemporáneo, entre la pintura y el video. Un gran acierto. Vernazza, uno de los pueblos más populares de Cinque Terre, es quizá el único que todavía mantiene esa aura de pueblo pescador, aunque sea tan solo por el folclor y el turismo —en toda la zona la principal fuente de ingresos son los turistas. En octubre de 2011 fuertes lluvias ocasionaron un deslave que cubrió gran parte de la playa que ven en la foto. El pueblo fue evacuado y permaneció en estado de emergencia por varios meses. Vale la pena visitar la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia, construida a orillas del mar ya que, supuestamente, se encontraron ahí las falanges de un dedo de Santa Margarita. Ya saben cómo se las gastan. Edward Bunker es parte de ese grupo de escritores en el que encontramos a Villon, Genet, Jack Black y Borroughs, es decir, el de los bajos fondos. Todos ellos han vivido en este mundo y, al escribir de él, no lo han hecho desde la imaginación. En este sentido, el conocimiento de los códigos y la naturaleza criminal da especial viveza a obras como "Perro come perro". En esta novela, Troy, un criminal recién salido de la cárcel, planea un par de golpes que le permitan retirarse. Para esto, recluta a sus antiguos socios: Diesel, un fortachón de 120 kilos que trabaja como matón de la mafia en San Francisco, y Mad Dog, un yunkie desquiciado. El primer golpe funciona bien, pero el segundo es un desastre. Más allá de la anécdota criminal, la novela es un retrato de los lazos del crimen organizado y las dificultades de un hombre al salir de la cárcel —hay un momento en el que Troy se queja de tener que aguantar las ganas de orinar: en la cárcel tienes el retrete al lado todo el tiempo. Detalles como éste dan una vida especial al libro. Al final, como en cualquier otra historia humana, no hay redención, tan solo esa sensación inacabada de haber estado cerca, muy cerca, de eso que se deseaba. Dice José Ovejero en un artículo que "quizá el atractivo del escritor que ha estado en la cárcel resida en que le suponemos una vida mucho más interesante que la nuestra, de la que queremos que nos haga partícipes". Es posible: el criminal no es otra cosa que el recuerdo del mito luciferino: la libertad absoluta sobre cualquier otra cosa. Fui a la famosa Cinque Terre, nombre que engloba 5 pueblos en la región de Liguria, Italia. Las casas, construidas en los límites de las colinas, recuerdan el paisaje de las favelas en Río: precariedad, goce y colorido. Riomaggiore es el primero de los cinco pueblos si se viene de La Spezia —ciudad situada al sur de la región— y destaca por su vino, cultivado en diminutas parcelas a lo largo de sus colinas. En 1999 la región fue convertida en un parque nacional, lo que explica el limitado avance de los grandes conglomerados. La zona, transitable por diminutas carreteras o bien un tren que cruza la costa, recuerda que el ser humano realmente necesita poco: un techo, comida y un paisaje infinito. Otra foto de Lucca: al centro está la plaza construida en el siglo XIX por el arquitecto Lorenzo Nottolini. La serie de edificios dispuestos en forma elíptica están construidos sobre las ruinas de un antiguo anfiteatro romano. La plaza nació en el Siglo II DC y fue llamada "parlascio", una deformación de la palabra latina paralisium ("teatro"), que por la influencia de la palabra "parlare" indicaba el lugar donde se celebraban las discusiones públicas.

Les dejo uno de mi cuentos favoritos. La ciudad de Baires se desarma para luego armarla de otra manera, en la anatomía de una persona. Como diría  Thomas Bernhad, “mi ciudad de origen es en realidad una enfermedad mortal, con la que sus habitantes nacen o a la que son arrastrados”.

***

El día que encontró pelos púbicos en su plato de sopa no fue el más aterrador de su existencia y era sopa de letras. El día que encontró un obelisco entre sus pelos púbicos la cosa ya le llamó más la atención aunque no por eso pudo comprender de golpe su nueva vocación cartográfica gracias a la cual todo él —sus más recónditos rincones y sus más diminutas divergencias— empezaban a convertirse en copia fiel de la ciudad, mucho más cálida que la propia ciudad y menos esquemática.

Su novia tampoco supo verlo de entrada aunque durante buen tiempo recibió con placer los honores del recientemente adquirido obelisco y dejó que su lengua corriera por la calle Corrientes con todos los carteles de cines y atracciones hasta hundirse en la calidez de la recova.

Me pica el barro de Belgrano, hay un palpitar intenso por el lado de Flores, acabó diciéndole él cuando por fin se hizo a su nueva condición de mapa. La novia no pudo menos que comprarse una guía Peuser, y siguiendo la línea de los más reputados colectivos sus caricias se volvieron barrocas e inesperadas. Una mano que partía de la axila derecha podía muy bien terminar en la nuca después de circunvalar el ombligo, y un beso nacido en el dedo gordo del pié izquierdo quizá tan sólo se perdía en la cortada del empeine. Él daba luz verde para todo pero ella resultó respetuosa de las leyes de tránsito: cierta noche decidió que a los camiones había que desviarlos por el bajo y cerró a la circulación ciertas arterias céntricas.

¿Taxis? Taxis también hubo pero no todos eran medios de transporte para transportarlos a él a remotas regiones donde el cuerpo no es ciudad ni es nada, tan sólo un lago negro en el que uno puede sumergirse hasta su propio fondo.

La boca de él es la cuadra comprendida entre Corrientes y Lavalle, a la altura de Anchorena (el mercado de Abasto) con un tajito que es la calle Gardel por la que a veces entona una canción nostálgica o a veces silba para llamar al perro. Sus tripas son las cloacas que desembocan en el Río de la Plata y su novia es a veces un barco que navega por ese río, tan lejos de él-ciudad y tan cerca de otras costas.

Él no enciende sus carteles luminosos por miedo a deslumbrar a los que pasan, ¡él tiene tantos pero tantos recursos! Su pelo es el bosque de Palermo, su nariz la barranca del río, su pecho la Plaza San Martín y así y así poniendo un poquito de imaginación y ni pizca de ningún otro ingrediente.

En la ciudad que es él a veces hay huelgas. Las peores son las de los obreros de la energía, con cortes de luz y súbitos bajones de tensión. De la limpieza ya ni se habla. Por la zona sur está hecha un desastre, abandonada, y sólo la zona norte conserva algo del antiguo esplendor en los bigotes.

Su ciudad requiere a veces algunas conmociones, una manifestación callejera, un éxodo quizás. Eso es, un éxodo. De eso se encarga su novia porque en los tejemanejes del amor distante y la esperanza es de lo más ducha. Vení, le dice él, y ella va y lo besa pero después lo araña y por fin le dice Me voy pero ya vuelvo y él se queda esperándola sin saber si quiere un beso, un zarpazo o tan sólo esperarla.

Cuando ella no está él olvida sus ínfulas catastrales y va al trabajo así, sencillo, llevando su  esperanza bajo el brazo como si fuera un diario. Los que lo ven pueden creer que se está interesando por los acontecimientos internacionales, pero nada de eso: sólo trata de leer en el recuerdo de ella su próxima movida.

Peón 3 rey. Y de inmediato interpreta: ella se está preparando para ir a la estancia, llegará calladita sin avisar a nadie y se irá a pasar unos días con un puestero cualquiera o con el domador (aunque no, claro, el domador es para la jugada siguiente: caballo 5 torre —con él hace el amor en el potrero cinco, donde está el molino alto—). Ahora sólo se conseguirá un puestero, el Irineo, quizá, y pasará tres días con él hasta elaborar un plan de seducción aplicable al dueño de la estancia, padre de él (de él-ciudad, no del puestero) y acabará en la cama de don Agustín, el rey de los embutidos. El viejo está un poco caduco, hay que reconocerlo, pero a ella qué con tal de desconcertarlo a él (a él, no al viejo). Ésa será su jugada del cuatro de setiembre, lo ve clarito.

Es decir que ella se escapa al campo y él que es la ciudad no puede cruzar sus propios límites para ir a buscarla. La General Paz es para él coto vedado, ¿acaso alguien es capaz de transgredir sus propias fronteras y aflorar ileso de tanta iniquidad? Él estaría dispuesto a darse vuelta como un guante para ella, pero no es para tanto (el hombro a hombro de la solidaridad humana, el codo de Dorrego. Su cuerpo le duele en lo que tiene de más municipal y también le duele en la ausencia de ella).

Los cortes de energía se vuelven constantes cuando su novia no está, no sólo se le apaga la luz de las pupilas sino que es pura sombra hasta la planta de los pies, la planta termoeléctrica.

Cuando ella vuelve a la ciudad después de una jugada (y hay 8 peones, dos caballos, dos alfiles, dos torres, un rey y hasta una reina, su buen tiempo le lleva disponer de todos) él se siente renovado, refundado. Sus árboles callejeros vibran como en plena primavera y a veces hasta florecen, pero entonces el peluquero recomienda un buen corte y un baño de crema. A ella no le gustan los periodos de poda —prefiere verlo indómito—. Tampoco le gusta encontrarlo con todos los semáforos en rojo como a veces lo encuentra cuando sus incursiones camperas han sido por demás prolongadas.

—Hubieras podido quedarte por allá bucolizándote.

—La ciudad me atrae, es más fuerte que yo. Mis manos necesitan volver a la tersura de tu asfalto. Qué le vas a hacer, che, soy una viciosa de la calle Corrientes.

Eso a él no le agrada tanto: la calle corrientes no es su zona erógena favorita. Prefiere la 9 de Julio o Plaza de Mayo pero hay deseos que no pueden ser formulados en voz alta. Ella un día decide permitir la propaganda vial y empieza a escribirle carteles sobre el cuerpo con lápiz de cejas. El Silencio es Salud, sobre el pecho o Americano Gancia sobre la nalga izquierda. A él la idea lo divierte durante largos diez minutos pero después se harta y decreta huelga de brazos caídos entre los encoladores de afiches, huelga que se propaga a otras ramas de la actividad urbana y por fin ella se queda sin su premio. Ella decide organizar un levantamiento entre las masas pero no lo logra, sus arengas no obtiene eco alguno. Opta entonces por la venganza, una idea largamente madurada:

—Esta ciudad no me gusta, está vacía. Una ciudad sin habitantes no es ciudad ni es nada.

Él sigue durmiendo porque hay un toque de queda. Ella sale sigilosamente en medio de la noche, vuelve al alba con un frasquito que deja destapado sobre la cama de él, y se retira a sus tareas habituales.

Pero no está contenta y piensa: de la ciudad grande, la que transitamos todos, nosotros somos las pulgas. Y qué si ahora a la ciudad se le diera por rascarse como debe de estar rascándose él. ¿Y qué si se les da por matarnos de una palmada o reventarnos entre las uñas? Con razón en Tribunales suelen quemar gamexane.

Y se pone a llorar sin consuelo en medio de la calle mientras él en su casa deja de golpe de ser ciudad y se convierte en perro, en inconsciente homenaje literario.

Responder
Your email address will not be published. Required fields are marked *

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: