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Seis chicos comparten un piso en Barcelona. A través de sus vidas, Mónica Ojeda propone un triángulo: cuerpo, lenguaje y virtualidad. La novela se lee en múltiples niveles a partir de las intersecciones que plantea: entre el cuerpo y el lenguaje está la pornografía; entre el cuerpo y la virtualidad, la muerte; entre la virtualidad y el lenguaje, la demoscene. En medio de estos vértices vive un videojuego y tres hermanos, artífices del juego. La mejor descripción de éste la da un chico obsesionado con mutilar su pene: "la nada ocurría todo el tiempo, repetida en loop". El vacío es el centro de gravedad en el que orbita toda la novela: las palabras no alcanzan; la maldad no existe y, en realidad, no es posible entender nada ("¿Hay palabras para esta oscuridad? ¿Hay palabras para todo el silencio que vendrá?"). Leer Nefando es, entonces, explorar estos abismos —"las palabras (...) son lo único que tenemos y por eso intentamos decirlo todo". Excelente novela. Leo en la prensa española una columna entusiasta sobre Macron ("la forma en que habla de Europa marca una diferencia. Macron pide comprensión para los padres fundadores que levantaron Europa sin el pueblo porque pertenecían a una vanguardia ilustrada; pero él quiere convertir ahora el proyecto de las élites en un proyecto de ciudadanos"). También en México se le veía con entusiasmo, al grado que se buscaba al "Macron mexicano". Nadie de la gente que conozco en Francia está satisfecho con sus iniciativas. La gran ilusión de la política es que se renueva —así, la juventud es, tan solo, una máscara más. La foto es de una instalación de Camille Henrot, Days are dogs. Todas las fotos anteriores son parte de un viaje que hice a Lyon recientemente, como parte del festival Belles Latines que se organiza cada año para celebrar la literatura latinoamericana en Francia. Con Margot subimos a la Basílica de Fourvière a admirar la vista —hacía frío y yo tenía una hora para intentar ver la ciudad. Nos quedamos ahí unos minutos, luego bajamos de nuevo a la fría Lyon. Margot me acompañó a la estación de tren, donde yo tomaría uno a Lille para la última actividad del festival. Al irme sentí que apenas y tenía una idea de la ciudad —me enteraría mucho después que Lyon había mantenido una abierta oposición a París durante siglos, lo que llevó, durante la Revolución Francesa, a una revuelta. La rebelión fue sofocada por las fuerzas armadas después de un largo sitio. Las fuerzas revolucionarias, al ganar, instalaron una placa que decía: "Lyons made war on Liberty; Lyons no longer exists". Este libro es único en tanto es la síntesis de dos contrarios: la brutalidad de los bajos fondos y, por el otro lado, la poesía pura. Uno es anecdótico, el otro es lenguaje y lirismo. Guiado únicamente por su intuición, Genet busca en su pasado toda la belleza que esconde las ocasiones más sórdidas. Ha escogido al crimen como única ruta para llegar a la belleza. En medio de él —o mejor: tan solo en él— será capaz de conocerla y adorarla (hay que imaginar a Genet como Santa Teresa durante el éxtasis: "si no siempre son bellos, los hombres consagrados al mal poseen virtudes viriles. Voluntariamente, o víctimas de una elección accidental, se hunden, con lucidez y sin quejas, en un elemento reprobador, ignominioso, semejante a aquel en que, si es profundo, precipita el amor a los seres"). En todo caso, tal vez lo más interesante de Genet resida en su actitud moral. Su diario es un intento por explicarla y, a partir de este ejercicio, crear una suerte de ars poética. Vida e interpretación: "este diario que escribo no es sólo una distracción literaria. Según voy avanzando, ordenando lo que me ofrece mi vida pasada, a medida que me empeño en el rigor de la composición —de los capítulos, de las frases, del propio libro— siento cómo me afirmo en la voluntad de utilizar, con fines virtuosos, mis miserias de antaño". Lo de Genet está más cerca de las obras de Radiguet o Constant, que de la literatura criminal de Black o Bunker. La confesión del amante que, a veces, en contra de su propia voluntad, se precipita —qué palabra más adecuada para reflejar la caída— hacia un destino gozoso y, al mismo tiempo, catastrófico. Capaces de crearse una vida propia, hay que imaginar a los expulsados del paraíso, felices. ¿Qué es la arquitectura sin la gente? Ruinas, únicamente. Decía Maupassant que la Torre Eiffel era una "pesadilla inevitable e insufrible", pero hoy, ¿qué sería París sin ella? Es su símbolo, el epicentro de su constatación —sin ésta, la misma imagen podría suceder en cualquier otra parte. Provee una falsa familiaridad y reafirma una serie de evocaciones —imágenes llenas de romanticismo, felicidad o cultura— que, sin ella, no existirían. La Torre Eiffel es París.

Cinco cuentos y dos conferencias, que componen el último libro publicado de Roberto Bolaño. De manera personal, considero a Carver y a Bolaño como dos de los mejores cuentistas contemporáneos. De la versión de Anagrama, tomaré de la contraportada las descripciones:

En Jim relata el encuentro con el americano más triste del mundo; con El gaucho insufrible seguimos a Pereda, un ejemplar abogado argentino que se reconvirtió en gaucho de las pampas; en El policía de las ratas, Pepe el Tira, detective, nos informa sobre la política siniestra de las alcantarillas; El viaje de Álvaro Rousselot nos desvela el inusual hado de un escritor argentino de los años cincuenta, inesperadamente filmado –o plagiado– por un cineasta francés. Dos cuentos católicos da cuenta del azaroso encuentro entre un adolescente y un asesino en serie, poseídos ambos por la religión. De las dos conferencias, Literatura + enfermedad = enfermedad nos sobrecoge con su humor y su inteligencia, y en Los mitos de Cthulhu ruedan unas cuantas cabezas de la escena literaria actual.

Vale la pena hacer una pausa en El gaucho insufrible. Relectura del cuento El Sur de Borges, Manuel Pereda sale de Buenos Aires por la crisis económica y escapando de la rutina y las “vagas promesas inspiradas en un tango y en la letra del himno nacional”. Hay una escena genial donde Manuel Pereda entra a la pulpería montando a caballo:

Oyó voces, alguien rasgaba una guitarra, que la afinaba sin decidirse jamás a tocar una canción determinada, tal como lo había leído en Borges. Por un instante pensó que su destino, que su jodido destino americano, sería semejante al de Dalhman, y no le pareció justo, en parte porque había contraído deudas en el pueblo y en parte porque no estaba preparado para morir, aunque bien sabía Pereda que uno nunca está preparado para ese trance.

Sin esperanza y sin temor, como el personaje de Borges, inmerso en noches oscuras como el vacío, noches primarias, donde es capaz de cualquier cosa. El Sur y el Gaucho insufrible son dos viajes donde todo hombre debería situarse en algún momento de su vida.

La segunda pausa la quiero hacer en la conferencia Literatura + enfermedad = enfermedad, texto que parte del estado de salud de Bolaño antes de su muerte. Se imagina, en un momento en que sale del hospital desahuciado, pidiéndole a una doctora hacer el amor con él en un elevador: “Follar cuando no se tienen fuerzas para follar puede ser hermoso y hasta épico“. Bajo esta premisa, Dionisio se instala en cualquier lugar, en cualquier momento. De ahí deriva una premisa, sustentada en un poema de Mallarmé: lectura, viajes y sexo como una misma cosa.

Es necesario recorrer esos laberintos, perderse en esos vericuetos para escapar de dos polos terribles: el desierto del aburrimiento y el oasis del horror. ¿Qué queda? La pobre bandera del arte, que según Bolaño, es una batalla perdida de antemano, como casi todas las batallas de los poetas. ¿Vivimos atrapados en el mito de Sísifo? Tal vez. Para finalizar, Bolaño empuja: en cada viaje personal es necesario surmegirse hasta el fondo, para volverse a encontrar, o para encontrar algo.

Lo dice el autor de Detectives Salvajes. Dato Wikipedia: tras su muerte, Bolaño ha conocido una mayor difusión que durante en vida, en el mundo de habla hispana pero también en Francia y Estados Unidos, donde estuvo en la lista de los 10 mejores libros del año de algunos de los más prestigiosos medios, como son el The New Yorker, Slate y Bookforum.

One comment on “Roberto Bolaño – El gaucho insufrible

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