«Cada generación se cree predestinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero quizá su tarea es mayor: impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones decadentes, las técnicas que se han hecho demenciales, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, en la que los poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer, en la que la inteligencia se ha rebajado hasta hacerse servidora del odio y de la opresión, esta generación ha tenido que restaurar en sí misma, a partir de sus únicas negaciones, un poco de lo que constituye la dignidad del vivir y del morir».

Albert Camus, en su discurso de recepción del premio Nobel de literatura (1960).

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