Creo que la fotografía de retrato está superada. De entrada, todas los retratos deberían estar desenfocados, a menos que se basen en un detalle o acción. Parto de la siguiente idea: la otredad es inaprensible, imposible estar ‘del otro lado’. La fotografía roba una falsa realidad, una pose. Citemos pues a Barthes: “me pongo a posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me metamorfoseo anticipadamente en imagen” (Barthes 1984: 22). A partir del momento en que nos sentimos mirados por el objetivo, todo cambia. Paremos de imitarnos a nosotros mismos.

Marcela, 2009
Marcela, 2009

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