Un hilito de sangre – Eusebio Ruvalcaba

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UN-HILITO-DE-SANGREUn hilito de sangre es la novela adolescente insigne de una generación que vivió este periodo en los ochenta y que, consecuentemente, no fue parte de los movimientos revolucionarios de los 60, ni tampoco vivió su juventud bajo la influencia de fenómenos actuales (digamos, nuevo milenio) como la sombra del narco o la extensión de los sentidos a través del celular y las redes sociales.

Con este libro, Eusebio Ruvalcaba ganó el Premio Agustín Yáñez a primera novela en 1991, aunque antes de esto ya había publicado un par de libros de poesía. La novela narra la historia de León, un chavo con una mentalidad única que lo hace racionalizar y visualizar siempre sus decisiones en encrucijadas del tipo: A y B. Además, cuenta con un arsenal de acrónimos que representan sus técnicas más socorridas para salir al paso de las situaciones en las que se mete, como el famoso HP, que significa: Hazte Pendejo, o el NSLL: No seas llorón. Con este equipamiento de técnicas -que, en el fondo, lo que reflejan es una condición exacerbatio cerebri- León decide escapar de su casa para ir a Guadalajara a buscar a la chava que le gusta.

Este viaje, y el planteamiento total de la novela, es un rito de paso, la transición del adolescente entre la niñez y la edad adulta. El descubrimiento de la sexualidad, la violencia, el desencanto de la autoridad -en este caso, encarnada por los padres y la escuela- son los mecanismos con los que el maestro Ruvalcaba nos lleva por este momento en la vida de su personaje, para culminar en el autodescubrimiento, en el reconocimiento de la propia identidad y del lugar del joven en la sociedad. No es fortuito que el otro yo con el que dialoga el personaje se difumine cerca del final de la novela, ni que el ritual iniciático en el burdel esté acompañado de un adulto.

El adolescente se asombra de ser. Y al pasmo sucede la reflexión: inclinado sobre el río de su conciencia se pregunta si ese rostro que aflora lentamente del fondo, deformado por el agua, es el suyo. La singularidad de ser -pura sensación en el niño- se transforma en problema y pregunta, en conciencia interrogante.

Octavio Paz, El pachuco y otros extremos

Dado que este rito de paso se comparte -en temática- con The Catcher in the Rye, no sorprende que las comparaciones se hayan realizado entre ambas novelas. Holden y León comparten el detonante de la acción: el escape, el acto rebelde para cortar y dejar atrás el cordón umbilical. Salvo esto, los toques de humor, la actitud irónica y los arcos dramáticos de ambas novelas se desenvuelven en caminos distintos.

A partir de esta novela, Eusebio Ruvalcaba ha ganado un espacio importante con los jóvenes por su actitud franca, desinhibida y abierta en temas que les atañen y que otras voces e instituciones tienden a tratar con mojigatanería:

Chavos: fajen, no estudien. Porque si no lo hacen ahora, el día de mañana ni tiempo van a tener. Ni ganas. Estudien lo mínimo para pasar, para que sus jefes no la hagan de jamón. Que se vayan con la finta de que están aprovechando el tiempo a lo bestia. Consideren las ventajas: primero que nada, llevarse la fiesta en paz —no hay nada más insensato que tener todos los días broncas con el jefe; porque los weyes son vengativos: empiezan restringiendo el uso de la nave (ya se les olvidó cuando eran chavos), o por bajarle el domingo (si te da, digamos, 200 morlacos, le quita 50 como si nada), o por insinuarte que en la casa hay muchos gastos, que le metes al MB o mejor te vas buscando chamba. (Pero la culpa es tuya porque tienes acostumbrado a tu jefe a que cuando quieres la haces, que nadie te supera, que eres muy piola, sácale punta y te la vienen pérez prado y sus cometas. De cualquier modo para qué te esfuerzas. Si al cabo de los años vas a acabar trabajando en cosas que ni te gustan.)

Siempre que doy una charla en prepa, me asombra que haya tantos chavos. Entonces les digo que les hacen falta huevos, que qué hacen ahí, a la expectativa de escuchar a un —perdónenme la palabra— escritor. Y les digo las cosas como son: que yo a su edad pues en primer lugar nunca iba un escritor —repito, perdón por el terminajo—a dar ninguna charla de nada, porque ni quien pelara a semejantes perdularios (córranle al diccionario). Que si no podrían estar haciendo algo mejor: como quemar en el coche del hijo de papi, o estar fajándose a una chava, o bebiéndose un jale nomás para soportar la melancolía, la decepción de que la vida es tan vacía, o simple y llanamente para quemar con lágrimas y mocos tanta tristeza, miseria y podredumbre que ni se explican. Me oyen los chavos y en los ojos de uno, de otro, de aquél, de pronto descubro el gesto de que este wey tiene razón, pero de aquí no me puedo mover porque la maestra me reprueba. Pobres.

Eusebio Ruvalcaba

Hilito de sangre ha ganado ya un lugar en el mapa literario nacional, aunque seamos honestos, como si esto importara. Escritor fecundo, Ruvalcaba sigue escribiendo y empujando que la literatura no está en un ejercicio perfecto de palabras, sino en la vida, en lo que sucede día tras día. De esto, apunta, siempre podemos sacar más que de los libros.



Categorías:Novela

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