El grado cero de la escritura – Roland Barthes

¿Está la literatura en un callejón sin salida? Roland Barthes explora esta pregunta a través del análisis de la escritura francesa desde el clasicismo, hasta los márgenes de la antinovela francesa, todo desde una perspectiva del lenguaje y su transformación.

La transición, según Barthes, corre por tres estadíos: primero, como objeto de una mirada (“donde la escritura se separa apenas de su función instrumental y sólo se mira a sí misma”); luego, de un hacer (“la forma se hizo el término último de una fabricación, un significado”); y finalmente, de una destrucción (Mallarmé coronó esta de-construcción, “la aniquilación del lenguaje”), hasta llegar a una ausencia, “el grado cero de la escritura”, es decir, una neutralidad apuntalada en una concreción.

El ensayo se puede leer, según Barthes, como una introducción a lo que podría ser una Historia de la Escritura, cuyo horizonte original es el lenguaje, y en él, la Historia y Naturaleza de la sociedad en la que se sitúa:

“Por eso la escritura es una realidad ambigua: por una parte nace, sin duda, de una confrontación del escritor y de su sociedad; por otra, remite al escritor, por una suerte de transferencia trágica, desde esa finalidad social hasta las fuentes instrumentales de su creación. No pudiendo ofrecerle un lenguaje libremente consumido, la Historia le propone la exigencia de un lenguaje libremente producido”.

Dentro de esta realidad, la escritura clásica manifestaba en forma y fondo la implantación de una conciencia de clase (“hablar como Vaugelas fue, en un primer momento, ligarse al ejercicio del poder”), especialmente en la construcción de la novela, que en aquel tiempo (clasicismo) dependía de dos recursos: la narración en 3ra personal, que da al lector la “seguridad de una fabulación creíble y, sin embargo, manifestada incesantemente como falsa”, y el pretérito indefinido, “signo operatorio mediante el cual el narrador acerca el estallido de la realidad a un verbo delgado y puro, sin densidad, sin volumen, sin despliegue, cuya única función es la de unir lo más rápidamente posible una causa y un fin”.

Barthes hace la relación entre este hecho con la sociedad burguesa de su tiempo, así como con la implantación de la mitología de lo universal, el pensamiento de clase y su triunfo en cuanto a sus valores absolutos y heterogéneos sobre la sociedad. Así, la escritura, “depurada rápidamente de los procedimientos gramaticales que hubiera podido elaborar la subjetividad espontánea del hombre popular, y dirigida por el contrario hacia un trabajo de definición”, funciona por tanto como una escritura instrumental.

Aquí Barthes hace un paréntesis para hablar de Víctor Hugo, quién “sólo por el peso de su propio estilo, pudo presionar a la escritura clásica para ponerla en vísperas de un estallido”. De esta manera, cambios en la situación histórica de la burguesía (en los sistemas de producción, distribución de la riqueza, demografía, entre otros), dieron paso al segundo momento, donde el escritor, atribulado por los cambios de su sociedad, intenta dar respuesta a su momento acuñando la problemática de la Forma moderna, en las que dibuja ciertas vías de integración, estallido o de naturalización del lenguaje literario (i.e. surrealismo, existencialismo, cubismo, etc.).

“A partir de ese momento, la desintegración del lenguaje sólo puede conducir a un silencio de la escritura. El lenguaje, primero y último escape del mito literario, recompone finalmente aquello de lo que intentaba huir”.

La otra alternativa: crear una escritura libre de toda sujeción con respecto a un orden ya anotado del lenguae, es decir, una especia de lengua básica, neutra e inerte de la forma, “una ecuación pura sin más espesor que un álgebra frente a un hueco del hombre”.

¿Cuál es el problema entonces? Que el transcurso de este proceso ha degenerado en una contradicción según Barthes:

“O el objeto de la obra concuerda ingenuamente con las convenciones de la forma, y la literatura permanece sorda a nuestra Historia presente y el mito literario no es superado; o el escritor reconoce la amplia frescura del mundo presente, aunque para dar cuenta de ella sólo disponga de una lengua espléndida y muerta”.

El callejón sin salida, entonces, se perfila como el estado actual de la literatura, la exploración de nuevas formas en un lenguaje agotado, reducido por la Historia (en el sentido del presente histórico en el que se desenvuelve el escritor) y homogéneo al resto de los discursos literarios. O bien, el escritor logrará anticiparse a sí mismo, y traspasar las restricciones de su propia soledad, es decir, lograr un lenguaje soñado.

Ensayo obligatorio para entender el estado actual de la literatura, después de la revolución vista en el siglo XX. El siglo XXI, aún jóven, falta de definir el camino que seguirá dentro de las paradojas de las que habla Roland Barthes en este ensayo de 1968.



Categorías:Ensayo

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4 replies

  1. Excelente artículo ,,como todo lo que escribe Barthes
    Gracias!

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